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Opinión

TIEMPO Y DESTINO

España y Guatemala: semejanzas políticas

Los socialdemócratas españoles todavía no se reponen del descalabro electoral del 20 de noviembre. La pérdida de votos fue fenomenal. Obtuvieron cuatro millones menos que en el 2008, cifra cercana a los cinco millones de desempleados, acumulada durante su gobierno.

Luis Morales Chúa

LUIS MORALES CHúA

El desempleo, por supuesto, no es la única causa de la derrota. Es tan solo un factor de los generados por la crisis económica y financiera por la que atraviesa el país. Los mismos socialdemócratas reconocen que también influyeron en la debacle algunos errores del Organismo Ejecutivo, a lo cual yo agrego, la mejor organización del partido de oposición.

Algo parecido sucedió en Guatemala, donde prevalece una crisis generalizada, con los añadidos de la asfixiante inseguridad, la creciente pobreza y la galopante corrupción.

Eso tiene que ver con mis comentarios del domingo anterior. Mientras el partido de la socialdemocracia guatemalteca se ha fragmentado inmediatamente después de la derrota, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) se mantiene sólido, sin grietas hasta hoy, lo cual se debe, según mi modo de entender las cosas, a que los socialdemócratas españoles son, efectivamente socialdemócratas reformadores, en tanto que aquí, la Unidad Nacional de la Esperanza no posee una ideología definida, lo cual explica el súbito traslado en masa de sus cuadros medios a las filas del partido gobernante, y a otros que, sin estar en el Gobierno, no deben ser considerados de oposición. Esto no ocurre en España con el PSOE.

La ideología, repito, es al partido político lo que la columna vertebral al cuerpo humano. Es necesario entonces intentar explicar lo que se debe entender por ideología.

Es, en primer término, la doctrina filosófica que tiene por objeto el estudio del origen, desarrollo y situación actual de las ideas. También puede ser entendida, según el DRAE, como “el conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político”.

Norberto Bobbio —uno de los más destacados exponentes italianos del socialismo liberal— la define como “un conjunto de ideas y valores concernientes al orden político cuya función es guiar los comportamientos políticos colectivos”.

Cada partido político tiene, entonces, o debe tener, una ideología que lo diferencie de los demás, tomando en cuenta algunos criterios de las ciencias sociales, particularmente de la economía y la sociología; de la filosofía de la libertad y de la filosofía política, antes de aterrizar en el sueño de todo político luchador, consistente en la conquista del poder.

La socialdemocracia europea original, de la cual me ocupo hoy, nació en Londres durante una conferencia de líderes de asociaciones políticas y sindicalistas, en 1869, bajo el alero del marxismo clásico. La cuna del primer partido de esa tendencia, formalmente estructurado, es Alemania. El Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) nació hace 143 años e inmediatamente después el movimiento se extendió por 14 países europeos, incluida España, y a otras partes del mundo. Sin embargo, lo que prevalece actualmente es una socialdemocracia derivada, uno de cuyos principales cambios consistió en abandonar el marxismo, en la segunda mitad del siglo pasado, y acercarse a los principios y a la praxis de la democracia liberal capitalista, dando paso al socialismo democrático, alejándose cada vez más del socialismo soviético. Lo que pervive es un socialismo cada vez menos socialista, lo que da lugar al fenómeno de partidos socialdemócratas y laboristas gobernando en los Estados Unidos, con los presidentes Clinton y Obama; en el Reino Unido, con Tony Blair, el mejor impulsor de la tercera vía; en España con Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero; en Alemania con Willy Brandt, Helmut Schmidt y Gerhard Schröder, y en Guatemala, con Álvaro Colom. Todos alejados de la extrema izquierda y en no pocos casos en abierta pugna contra todo lo que suene a socialismo real. En 2007, por ejemplo, la URNG de Guatemala no votó por la Unidad Nacional de la Esperanza.


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