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Prensa Libre

13/01/13 - 00:15 Opinión

SI ME PERMITE

Estudia, pero no para complacer

“Nadie puede cambiar, pero todos pueden perfeccionarse”. Ernst von Feuchitersleben

SAMUEL BERBERIáN

Sin la intención de atropellar los sentimientos de nadie, tenemos mucha gente que invirtió tiempo y esfuerzo estudiando y también alcanzando la culminación de la misma, pero lamentablemente fue simplemente para complacer a la mamá, el papá o a alguien que influenció a la persona, pero hoy viven frustrados porque es lo último que hubieran querido llegar a ser en la vida.

Debemos motivar, animar y también apoyar a la gente al estudio y la superación, pero el estudiante deberá escoger qué cosa estudiar para que de ese modo pueda poner el esmero necesario y llegar a cultivar cambios en su vida y modo de ser, entendiendo que el estudio no es para lucir, sino para funcionar en el diario vivir, combinando capacidad y conocimiento.

Es también de entender que muchos, cuando viven en su adolescencia, son muy pobres en el criterio de la escogencia y les falta realismo de entender su capacidad y el medio en que están, para entender por qué no es práctico lo que quieren estudiar. En estos casos lo prudente es ayudar al estudiante a visualizar la realidad y los pro y contras que tiene lo que está pensando estudiar. La persona que está enfrentando los gastos de ese estudio tiene el derecho de opinar, y el interesado, de cargar con la responsabilidad, pudiendo tener el privilegio de poder estudiar, cuando muchos no gozan de esa oportunidad.

Nuestro medio muchas veces comete el error de evaluar la oportunidad de estudiar algo que al final es rentable y no porque uno puede lograr una transformación de vida y perspectiva para sentirse útil el resto de su vida. Cuando el estudio se percibe como rentable, no es más por la publicidad y “moda” a la que se la somete sin tomar en cuenta las competencias del individuo, su medio y la realidad que la personalidad del estudiante proyecta.

Cuán frustrante es ver aquellos que estudian porque los mandan o porque se les exige, sin tomar el tiempo necesario en la inducción, motivación y desafíos que hacen falta para el estudio antes de iniciar el proceso. Eso es tan real para los que inscriben a alguien para estudiar, como para el maestro que antes de iniciar el proceso enseñanza-aprendizaje asegurarse de que a los que recibirán el “pan del saber” se le dio suficiente “aperitivo” para que no genere rechazo.

Siempre recuerdo a un compañero en mis años de diversificado, cuando iniciamos el año del estudio. Entró un maestro y después de la rutina de la introducción hizo el comentario: “Esta clase que yo imparto es la más importante en su carrera”, a lo que mi compañero contestó abusivamente, “¡qué bueno! Entonces usted lo puede disfrutar, yo, gracias, paso”. Estábamos en la carrera de perito contador y el señor venía a impartir contabilidad.

Cuando en el recreo le recriminamos al compañero por su intervención, hizo el comentario: “Si es verdad, que se note, no necesita decirlo”.

Como estudiante debo definir lo importante y poner de mi parte. Si impartiré un curso, hacerlo de modo que el estudiante lo valore por su contenido y modo de impartirlo.

Guatemala necesita una reforma educativa urgente en la actitud de maestro y estudiante antes que otra cosa que políticamente puede ser muy bien enunciada, pero no cambia nuestra realidad. Embarquemos en el cambio de actitud para una mejor Guatemala.

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