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01/12/12 - 00:00 Opinión

EL QUINTO PATIO

Ética periodística

“La ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siempre al periodismo como el zumbido al moscardón”, dijo alguna vez Gabriel García Márquez, y Javier Darío Restrepo se apropió de la frase para titular su libro sobre ética y periodismo, en el cual hace un análisis profundo del oficio desde la visión de quien ha invertido la mayor parte de su vida profesional disipando dudas sobre el tema. Pero ¿qué es la ética periodística? ¿cuáles son los rasgos distintivos de un ejercicio periodístico apegado a los cánones?

CAROLINA VáSQUEZ ARAYA

, ¿cómo se construye este ejercicio —casi como en un bloque transparente— cuando el entorno está plagado de amenazas? De acuerdo con Restrepo, el mayor experto a nivel latinoamericano sobre el tema que nos ocupa, la ética periodística es la búsqueda insaciable de la verdad. Y es en esa búsqueda donde se pone a prueba la integridad del comunicador, su compromiso y su responsabilidad.

En sociedades como la nuestra, políticamente complejas e institucionalmente inestables, un periodismo ético —comprometido con la verdad de manera irrenunciable— es como el fiel de la balanza. Su poder radica en la consolidación de una reputación capaz de sostenerse aun en momentos de crisis, cuando la tentación de hacer sensacionalismo es a veces más poderosa que el pensamiento conservador de mantener la cordura editorial y ajustarse a los hechos.

En el nuevo entorno mundial de los medios de comunicación, embarcados en una feroz competencia por una audiencia cada vez más inclinada al consumismo y con marcada preferencia por contenidos menos analíticos y más fácilmente digeribles, el periodista se encuentra ante un escenario poco propicio para realizar un periodismo de fondo. Esto constituye un desafío ético tanto para editores como para reporteros y la búsqueda de la verdad entra en franca contradicción con las tendencias del mercado.

En el prólogo del libro El Zumbido y el Moscardón, de Javier Darío Restrepo, Tomás Eloy Martínez cuenta: “En una entrevista célebre, William Faulkner dictaminó que el novelista debe ser amoral y no vacilar ante nada que le impida completar su obra. Esa sorprendente defensa de un fin justificado por cualquier medio quizá sea válido para un novelista atormentado por su imaginación. Pero en el caso del periodista, la ética es exactamente la inversa: ni el mejor de los fines justifica la amoralidad, o inmoralidad, de los medios que se empleen. Así como los escritores no piensan en lector alguno cuando crean, los periodistas están obligados todo el tiempo a servir a su audiencia, evitando el escándalo y los golpes de efecto, y respetándola con noticias genuinas e investigaciones serias”.

Esos son precisamente los desafíos de un periodismo serio ante el afán consumista de grandes sectores de la sociedad por una prensa populista capaz de violar las normas éticas con tal de conseguir mayor audiencia. Pero al final del día, aun cuando el sensacionalismo periodístico reditúe mejor, será la búsqueda de la verdad —esa esencia vital de nuestra profesión— la que se consolide como la razón de ser y el espíritu detrás del ejercicio del mejor oficio del mundo.

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