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Opinión

PANÓPTICA

Francmasonería

Quizá una de las organizaciones “discretas” más influyentes en el ámbito económico, político y sociocultural del mundo sea la francmasonería o masonería, institución de orientación filosófica, esotérica, simbólica y de carácter iniciático que, bajo el manto de la fraternidad, ha promovido a lo largo de la historia la búsqueda de la razón ante el oscurantismo, la inteligibilidad moral/secular y el libre pensamiento, acciones que a la vez han generado elitismo en la selección de sus miembros, convirtiéndolos en un grupo de interés dogmático,

Franco Martínez Mont

FRANCO MARTíNEZ MONT

 de sutil performance público y con cuotas reales de mimetismo político.

La organización de los “albañiles libres” aparece en Europa entre finales del siglo XVII y principios del XVIII, aunque existen metarrelatos ajenos a la regularidad francmasónica que atribuyen sus orígenes al quimérico Hiram Abif, constructores de las pirámides del antiguo Egipto, los Collegia Fabrorum romanos, orden de los Templarios, orden de los Rosacruces, humanistas del Renacimiento y a los enciclopedistas franceses; modernamente los francmasones provienen de gremios de constructores medievales que evolucionaron hacia cofradías especulativas, herméticas de conocimiento, codificaciones normativas internas y prácticas ritualistas.

Los francmasones se estructuran en logias —espacio de asambleas y deliberación del mundo—, las cuales responden jerárquicamente a instituciones verticalistas como la Gran Logia de Inglaterra, Gran Oriente de Francia o Gran Priorato de Hispania. La mayoría de los francmasones creen en el Gran Arquitecto del Universo —Gadu—, quien no necesariamente es el Dios judeocristiano; otros practican el panteísmo e incluso el ateísmo. Algunos célebres francmasones han sido Benito Juárez, José Martí, Simón Bolívar, Ortega y Gasset, George Washington, Napoleón Bonaparte, Rubén Darío y otros de gran contribución al acervo sociológico del orbe.

En Guatemala, desde el tiempo de la Colonia hasta la actualidad, los masones siempre han estado presentes en la vida política y socioeconómica del país; por ejemplo, Francisco Barrundia y José Cecilio del Valle se iniciaron en la masonería en México e Inglaterra, respectivamente (Góngora, 1937: 41-45). Fue hasta 1888 que el Gran Oriente y Supremo Consejo Centro Americano proveniente de Costa Rica se traslada a Quauhtlemallan (Esquivel, 2008: 2361), donde luego se formarían algunos expresidentes —incluyendo déspotas iletrados— y exfuncionarios públicos, cuyo legado fraguaron en las diversas logias nacionales, tal es el caso de Justo Rufino Barrios, José María Reyna Barrios, José María Orellana, Lázaro Chacón, Julio Gómez Padilla y Alfonso Bauer Paiz —revolucionarios del 44—, Carlos Arana Osorio, Héctor Rosada Granados, Óscar Barrios Castillo, etcétera.

Finalmente, las creencias metafísicas, camaradería política y solidaridad entre hermanos masones trazaron la notoria incidencia política de esta organización, que, parecida a los illuminati, ha conformado exclusivos circuitos de poder de veto, generalmente de corte conservador, ratificando el statu quo y reificando el pluralismo democrático.


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