Funcionarios y el efecto de sus frases

El martes, el ministro de Gobernación, Mauricio López Bonilla, expresó que el Gobierno no está dispuesto a que renazcan los nefastos escuadrones de la muerte que en el pasado tanto dolor y muerte causaron en Guatemala durante muchos años. Lo dijo cuando informó sobre su plan de acción preparado para los próximos meses, ante varios invitados nacionales e internacionales.

Se trata de una frase que es defendible por quien la pronuncia, aun en los casos de ser recibida con escepticismo por algunos sectores de la población, ya sea por motivos político-partidistas o porque los integrantes del Gobierno compartan la creencia popular, desafortunadamente muy generalizada, de que las promesas no se cumplen.

Por aparte, en una declaración hecha pública ayer, el presidente Otto Pérez Molina se vio obligado a aclarar nuevamente y a explicar qué fue lo que en realidad había querido decir la vicepresidenta Roxana Baldetti, quien el mismo día de las declaraciones del ministro pidió en público a los gobernadores departamentales dejar de estar dedicados a negocios y trabajar en bien de la población. Cierto o mentira, no era el lugar para hablar de esa manera.

La reacción de las personas regañadas de esa forma no se hizo esperar, y provocó una nueva fuente de problemas para el gobernante, quien entonces tuvo que salir a dar aclaraciones que en realidad no le corresponden. En todo caso, el error fue de quien estaba a la cabeza del Ejecutivo a causa del inesperado viaje que debió hacer el primer mandatario como consecuencia de la enfermedad de su esposa, señora Rosa Leal de Pérez, quien ya se está recuperando en un hospital estadounidense.

Los funcionarios cuyas declaraciones han generado algún problema deben encargarse de enmendar su propio yerro, o de hacerlo a través de las oficinas gubernativas de información. Esta es una forma de lograr la necesaria meditación de lo que se dice, cuándo y ante quién. La tarea informativa del mandatario debe circunscribirse a anunciar algunas decisiones o actividades de importancia, y en vista de su alta investidura, hacerlo luego de haber recibido información confiable de parte de quienes tienen como tarea mantenerlo al tanto de los principales sucesos del país.

La publicación de las informaciones emanadas como producto de los errores ocasionados por la improvisación o porque no se miden las consecuencias, no constituyen mala voluntad ni campaña negra, ni gana de causar problemas. La Prensa tiene entre sus papeles principales reportar los sucesos, y estas frases contraproducentes encajan en este concepto, sin considerar los efectos negativos derivados de esos errores.

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