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16/04/13 - 00:00 Opinión

PANÓPTICA

¿Futbol enajenante?

Las estrategias mercadológicas del sistema capitalista mundial son ilimitadas, impredecibles y efectivas para colonizar —abrupta o sutilmente— los dominios de la conciencia, psique e imaginario colectivo de los consumidores a través de la creación alienante de necesidades pueriles, intereses económicos y paradigmas ideológicos, siendo una de las artimañas más rentables: la industria del entretenimiento, representada ostensiblemente por el fenómeno multiabarcador del futbol.

FRANCO MARTíNEZ MONT

Esta disciplina deportiva se ha convertido en una especie de narcótico contundente, producto de las leyes del mercado —oferta y demanda—, que traspasa fronteras y permite coyunturalmente —por lo menos durante 90 minutos o el típico festejo hedonista post-partido—, congelar las brechas abismales de asimetría socioeconómica en nuestro país —pobreza, inequidad étnica y de género, analfabetismo, insalubridad, etcétera—, debido a la pasión y fanatismo exacerbado hacia los clubes del futbol internacional y nacional —Real Madrid, Barcelona, Municipal, Comunicaciones, entre otros—, donde el futbol no es más que otra mercancía fetichizada que actúa como amortiguador psicosocial, es decir, entrampa, desvía —cortinas de humo— y reconfigura los escenarios inmediatos de ingobernabilidad y anomia.

En efecto, el futbol es un dispositivo de poder que puede abordarse desde tres perspectivas: a) político/militar, como herramienta que genera manipulación, confrontación, persuasión y encantamiento en las masas gobernadas —la guerra del futbol entre El Salvador y Honduras en 1969 se vendió así publicitariamente, aunque el trasfondo del conflicto fue por las emigraciones, uso y tenencia de la tierra—; b) económica/comercial, mediante la creación de holdings empresariales e irracionalidad consumista —millonarias contrataciones, mediatización masiva, lucratividad de firmas deportivas y mafias transnacionales dedicadas a las apuestas y amaño de partido—; c) control sociocultural, a través de la imposición subliminal de mecanismos psicológicos para la construcción de falsas sensaciones, emociones y sentimientos —identidad nacional, territorialidad, felicidad, solidaridad, heroísmo y euforia—.

La efectividad del futbol como el deporte más popular en el orbe —para 2007 participaban 270 millones de personas según la Fifa—, reside precisamente en que funciona como un aparato ideológico que produce “placer”, idiotización y conformismo. Empero, indirectamente favorece la cultura de violencia, corrupción, lavado de dinero y utilización de sustancias prohibidas.

Para 2012, la Fifa obtuvo ganancias por US$89 millones, tiene reservas por US$1,370 millones, registra ingresos por US$1,160 millones, y gastos por US$1,070 millones; además, no paga impuestos por sus transacciones comerciales.

A manera de colofón, el futbol es un señuelo de la internacionalización económica que pisotea hostigantemente la gnosis del sujeto, transformándolo en un objeto de la sociedad transmoderna, que en nuestra nación ha confinado a la marginalidad a otras disciplinas que tienen menor presupuesto y mayor rentabilidad en el ámbito internacional.

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