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24/02/13 - 00:03 Opinión

SI ME PERMITE

Generosidad es cosa de dignidad

“La liberalidad es una de las más agradables virtudes de quien se engendra la buena fama”. Miguel de Cervantes Saavedra

SAMUEL BERBERIáN

Es fácil de entender que muchas veces la generosidad es una reacción a la solicitud de alguien que está pasando momentos difíciles en la vida, porque es incómodo negar algo y engorroso tener que decir “no”. Entonces accedemos a participar en una acción de generosidad. Pero muy diferente sería si la acción se genera en un marco que es exactamente lo opuesto. El dicho que tienen los armenios (el pueblo de mi padre): “Quien pide tiene una mejilla que se le sonroja y el que niega termina sonrojadas las dos”. Cuán fácil es identificarnos porque hemos pedido o hemos negado.

Primeramente lo ideal es que antes de que me soliciten, percibo, veo y evalúo la realidad, por lo cual me involucro y hago la parte que me sea posible. Con ello la única conclusión que tengo es que hice lo que debería haber hecho. Pero puede darse el hecho de que no percibo la realidad porque no tengo los medios de comprender la dimensión del problema. En este caso una tercera parte me invita a considerar el involucrarme. Una vez que comprendo y evalúo, termino haciendo mi parte y lo único que me queda es agradecer a la persona que me invitó a involucrarme y luego me cuestiono de cómo no lo vi, no me enteré. Cuando hay esta actitud en mí se torna en un proceso formativo que al avanzar en la vida me cambia mi modo de ser.

Deberíamos entender que nuestro medio es cambiante y muchas cosas no son como nosotros estábamos acostumbrados a verlo. Esto requiere de nuestra parte no tomar las cosas por sentado sino más bien evaluar, interpretar y entender cómo debemos vivir en los cambios que nuestro medio nos exige, entendiendo la realidad que la necesidad no siempre es interpretada en la misma magnitud para todos. Estamos llamados no a ser jueces, sino de los que extendemos la mano.

La mayor injusticia en la que podemos atraparnos es la de ignorar la realidad que otros tienen y solo vivir nuestra vida. Claro está que muchos tienen todo tipo de explicaciones de por qué los demás están como están, sin lugar a duda para librar su responsabilidad. Mejor sería si puede hacer algo para que las cosas cambien, hágalo.

Por el otro extremo, tristemente algunos han llegado a hacer un modo de vida de la necesidad del prójimo y no es la generosidad que los mueve sino más bien qué pueden ganar a esta realidad. Este tipo de conducta no tarda mucho en descubrirse, pero tampoco por gente como esta cambia mi responsabilidad por aislarme de hacer lo que a mí me toca.

Entendemos que la dignidad no es una cosa impuesta, sino que se gana en la vida que vivimos y el modo como acumulamos a nuestro haber lo que hacemos o bien lo que dejamos de hacer.

Claro está que nuestro modo de pensar, actuar y proceder tiene que ser consecuente, porque muchas veces hemos conocido a quienes su generosidad parece un cometa que aparece en el espacio y nunca más puede contar con ellos, sea esto porque alguien le habló y se involucró o bien porque viendo la realidad quiso participar y mediar en la situación. Lo importante es que el modo de vida es corresponsable con la dignidad que tenemos.

Guatemala necesita de este tipo de ciudadanos que haciendo la diferencia en su modo de vida todos tengamos una patria que pueda ser un ejemplo a otros.

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