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Prensa Libre

02/04/13 - 00:00 Opinión

REGISTRO AKÁSICO

Goodbye Swift

La visita del catamarán HSV-2 Swift deja lecciones para el fortalecimiento de las capacidades nacionales. Esta nave construida en el 2003 en Tasmania, Australia, fue arrendada a la marina de EE. UU. Buque logístico de alta velocidad, tiene 98 metros de eslora y 27 de manga. Desde el 2005 visita numerosos países para afirmar la presencia norteamericana en los mares del mundo. Aunque no ha participado en combate, ha estado en sitios peligrosos como el sur de Irak y en el Mediterráneo, durante el conflicto libanés-israelí del 2006.

ANTONIO MOSQUERA AGUILAR

Para los norteamericanos, la visita del “veloz” (swift) es parte del Programa de Coalición Estatal 2013. En Guatemala compartió con la Fuerza Especial Naval (FEN) así como con el Grupo Especial de Interdicción y Rescate (GEIR). No faltaron algunos militares noveleros que quisieron acercarse. Se logró transmitir información sobre organización de operaciones anfibias, especialmente en ríos; custodia del cuerpo del delito; manejo y desactivación de minas acuáticas; también, ofreció asesoría para renovar las instalaciones de las FEN.

Al zarpar ayer, 1 de abril, dejó las siguientes lecciones.

1) Es conveniente contar con un buque de alta estabilidad que permite la convivencia de militares y civiles en alta mar. El Swift navega con 17 civiles y 35 militares.

2) El país no necesita transportar rápidamente carga a lugares remotos como hace el Swift, pero sí establecer una base de operaciones en el Caribe, en el mar patrimonial guatemalteco, como estación adelantada de los científicos nacionales y de la armada nacional.

3) La fuerza naval no puede aspirar a un buque que sobrepasa los 45 nudos, pues supondría utilizar motores semejantes a los 4 Caterpillar del Swift que consumen diésel en exceso, sobre todo por las turbinas de agua. Guatemala necesita un catamarán que combine la vela con un motor tradicional para evitar encalmarse.

4) La armada no requiere de una ballena con esquíes como el Swift, que puede transportar hasta tanques; sino un modesto navío capaz de llevar una tripulación con equipo científico para investigación oceanográfica y electrónica (radar y escucha) para fortalecer la defensa nacional.

5) El catamarán nacional no debe admitir capacidad operativa de desembarco, sino de sustento de la tripulación por largos períodos, así como laboratorios científicos. Deberá ser un navío que manifiesta la voluntad pacífica y de servicio del país, antes que uno diseñado para agredir a supuestos enemigos.

6) Se puede encargar la construcción del catamarán a los astilleros gallegos, argentinos o chinos, con las especificaciones adecuadas para cumplir su misión en el mar Caribe.

Lo peor que puede suceder es que algunos mandos de la marina nacional se aficionen a obtener coimas por los abastos a la infantería de marina. Así crecerá ese cuerpo expedicionario que no tiene lugar distante a dónde ir y mucho menos transporte marino que permita alcanzar lejanas playas de desembarco. ¡Pobre del marinero sin barco!

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