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Prensa Libre

24/02/13 - 00:02 Opinión

LA BUENA NOTICIA

¡Gracias, Santo Padre!

“En los evangelios, hay una fuerte relación entre la confesión de Pedro y la Transfiguración. Al bajar del monte luminoso Pedro habrá aprendido que el tiempo del Mesías se cumplirá cuando sea abrazado por la luz de la Pasión” (Su Santidad Benedicto XVI, Jesús de Nazareth, tomo 1).

VíCTOR HUGO PALMA PAUL

El Papa se refiere a aquel Pedro, del cual es sucesor, como un “discípulo/alumno” que siguiendo al Señor que lo ha llamado y del cual recibirá su misión especial, deberá no solo aprender, sino vivir en sí mismo como Iglesia, la unión de los dos aspectos que humanamente se quieren separar: la gloria de la Resurrección y el camino doloroso de la cruz. La Buena Noticia del segundo domingo de Cuaresma es ocasión para reflexionar sobre el discipulado cristiano auténtico: no se puede tener en Cristo un dador de bendición y prosperidad, de bienes que pasan y gloria del aplauso humano. Más bien, animados por Elías, Moisés y la voz del Padre, se lo ha de seguir en la “otra luz”: la del amor entregado en el sacrificio. La ocasión invita a meditar sobre la persona del gran pontífice que por cuatro días más, a partir de hoy, como vicario de Cristo, dejará su ministerio marcado por la debilidad de las fuerzas físicas.

Como el Señor en la Última Cena, también Benedicto XVI dice espiritualmente: “Os conviene que me vaya” (Jn 16,7). Y puede afirmar como el Señor en la Cruz: “Todo está cumplido” (Jn 19,30). Tres encíclicas luminosas —Dios es amor, 2005; Salvados en la esperanza, 2007; y La caridad en la verdad, 2009— a fuerza de innumerables catequesis, intervenciones y mensajes pastorales, de exhortaciones apostólicas y de viajes “humanamente no recomendables” —Turquía, Israel, Líbano, África, México— en los cuales ha consumido la propia persona para llevar a todos el Evangelio de la Vida y el amor a la Verdad. Como Pedro luego del asombro del Tabor, también él ha acompañado al Maestro en el descenso del monte y en camino hacia la cruz de Jerusalén. Tal es la rica herencia del pontificado de ocho años del papa Ratzinger, mientras que el fruto de su ministerio petrino será perdurable, como “signo y referente” de la verdad cristiana, ante quienes no comprenden “el misterio del sucesor de Pedro”. El pescador de Galilea ha sido llamado a ser “la piedra visible de la unidad y de la fe, del amor eclesial y de la verdad”, es decir, a recibir un peso tremendo. La Iglesia no fue confiada a las fuerzas o capacidades humanas, sino a la respuesta vocacional desde la humildad, como lo afirmó Benedicto XVI el día de su elección: “Han elegido a un humilde trabajador de la viña del Señor” (19 de abril del 2005).

Si no ha podido ver Guatemala físicamente, la ha llevado siempre en su corazón, atento al sufrimiento y a la esperanza de los guatemaltecos de cualquier credo y condición (cfr. Discurso al presidente de Guatemala en su visita del 16 de febrero del 2013), al igual que el beato Juan Pablo II en cuyo apoyo trabajó por más de 27 años. Nosotros también lo recordamos y permanecemos atentos a su vida, “ahora escondida con Cristo en Dios” (Col 3, 3), mientras nos unimos a los cientos de millones de católicos y hombres y mujeres de buena voluntad para decirle: ¡Gracias, Santo Padre! Continúe orando por nosotros para que sea posible una “Guatemala distinta” en la paz, la justicia, el respeto a la vida y el amor fraterno entre todos los guatemaltecos.

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