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20/07/13 - 00:00 Opinión

LA ERA DEL FAUNO

Guillén Sosa

En el periodismo, como en la columna de opinión, no tiene que haber espacio para la conjetura, pero a mí no me cabe duda de que si el PP hubiera perdido las elecciones presidenciales del 2011, ya estaría pidiendo la cabeza de quien fuera presidente. Estaría declarando, por todos los medios, día tras día, el evidente fracaso del Gobierno. La inseguridad alcanzó niveles extremos. Tiene visos de peste, en todo el país. Hace dos días, el estudiante del colegio San Sebastián Leonel Alejandro Guillén Sosa fue baleado en la cabeza, en pleno Centro Histórico,

JUAN CARLOS LEMUS

 luego de que un criminal intentara robarle su teléfono.

Ayer a mediodía, el ministro de Gobernación, Mauricio López Bonilla, con más malicia que imprudencia mezcló tan desgraciado hecho recordando que en la zona 1 hay peleas entre estudiantes. Trajo a colación —sin que tuviera relación una cosa con la otra— que estudiantes del Central se enfrentan a los de otros institutos y que “lamentablemente” se infiltran pandillas. Sus palabras y actitud son altamente ofensivas para la comunidad estudiantil, para los familiares de Guillén Sosa y para quienes razonamos estos hechos como producto de la notoria incapacidad para prevenir tales crímenes. Al relacionar dos cosas distintas enturbia la realidad con una dosis de escándalo callejero.

Algo semejante golpeó a los estudiantes a principios de este mes, cuando el maestro Fernando Leonidas Arévalo Franco fue asesinado en Nimajuyú. Había sido docente del colegio Don Bosco por 24 años; con mucho esfuerzo había logrado comprar dos buses pequeños para el transporte escolar. Era extorsionado y lo mataron.

Guillén Sosa, joven músico de la banda de guerra de su colegio, sin desearlo puso en evidencia algo que ocurre todos los días en el Centro Histórico a los estudiantes. Salen de sus institutos o colegios y caminan en grupo hasta donde pueden, luego, esconden su teléfono y abordan esos buses de la muerte. Les roban a diario.

El ministro López Bonilla ha adquirido en los últimos meses un tono populista. Puede que tenga interés en lanzarse a un cargo político, acaso como vicepresidente o diputado, lo cual no es ningún delito, pero aparece cuantas veces puede dando declaraciones sobre investigaciones y capturas, incluso, robando cámara y méritos del Ministerio Público; hasta parece el cerebro al cual se debe lo investigado sobre narcos y violadores.

La realidad es que conmueve observar el llanto de los compañeros de Guillén Sosa, quien ojalá se recupere física y emocionalmente. Un asesino les cambió la vida, a ellos y a sus familias. Pero esos muchachos son el símbolo de la solidaridad estudiantil. Con las manos en alto, llenos de ira y de valentía, expresan su legítima cólera. Después, lloran a mares con impotencia, subidos en la palangana del auto de la Policía que, por cierto, no tenían por qué abordar si son menores. No tenían por qué ser llevados ¿a declarar, a atestiguar, a qué se los llevaron? Y en la palangana de un picop. Hay un error de civilidad y de procedimiento. El video de este diario dice más que más palabras: http://www.prensalibre.com/noticias/Hieren-joven-celular_0_958704142.html

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