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Opinión

CON NOMBRE PROPIO

Hablemos del padrón

Ahora que ha pasado la jungla del proceso electoral debemos insistir en que el “régimen electoral” es muy importante para solo estudiarlo cada cuatro años. El fraude electoral se genera desde Rusia hasta Nicaragua, así que no podemos menos que dar una señal de alarma. En el Derecho Electoral se sabe y conoce la respuesta a este acertijo: “¿Quién se roba una elección? El que puede”. Todo sistema debe priorizar, establecer correctivos y sobre todo crear las bases sobre las cuales un proceso se lleve a cabo de forma eficiente y cristalina, l

Alejandro Balsells Conde

ALEJANDRO BALSELLS CONDE

o de cristalino solo sirve si hay fiscalización pública; de lo contrario solo quedará bien transparente el robo de la voluntad popular.

La base de una buena elección es el padrón electoral y por él debemos entender “el listado de ciudadanos habilitados para ejercer el voto”. El padrón nacional es muy fácil de hacer, porque o los ordenamos por el orden de su inscripción en el Registro de Ciudadanos o por orden alfabético, es una lista de nombres muy aburrida de leer.

El arte de armar el padrón electoral radica en establecer cada nombre en su demarcación territorial. Para entender este punto, la Biblia nos ilustra al inicio del Evangelio según San Lucas: “Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. E iban todos a ser empadronados, cada uno a su ciudad”. Este pasaje bíblico sirve para mostrar el motivo por el cual José y María iban a Belén cuando Jesús nació, siendo suficiente para aclarar el concepto: uno se anota donde pertenece.

Nuestra ley electoral dice que el padrón se forma con los ciudadanos residentes en un determinado municipio, por consiguiente, para votar por un alcalde deberíamos residir en dicho lugar. Esto es importante, porque nuestro padrón es fiel reflejo de la impunidad que opera en el país y basta ver que el traslado de electores, de un lugar a otro, fue la queja más común que se hizo valer en septiembre.

Todos sabemos que un derecho que no se ejerce se pierde; en este sentido, hasta los partidos políticos callan cuando es evidente que se violan las normas del padrón electoral, y miremos dos ejemplos: nuestro próximo presidente vive en la carretera a El Salvador, de seguro en jurisdicción de alguna de las Pinulas, sin embargo votó en la Ciudad de Guatemala. No cabe duda de que él tenía derecho al voto, pero debió hacerlo por otros diputados y otro alcalde. Similar situación sucedió con Manuel Baldizón, quien manifestó vivir en la zona 15, pero para votar tomó un avión y llegó a Ciudad Flores, cuando sabemos que tiene años de no vivir allá. Para mientras, el TSE hace su eterno mutis.

Ojalá este aporte sirva para despertar interés por la conformación del padrón, ahora que los apasionamientos han bajado, y obliguemos a entender que la fiscalización pública, como sucede en Colombia, Paraguay o Perú, por decir algunos, es la mejor forma de entender la lógica de una elección sana.


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