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12/02/12 - 00:00 Opinión

PLUMA INVITADA

Hambre Cero

El nuevo gobierno ha situado en el centro de su agenda el combate de la desnutrición crónica, que afecta a uno de cada dos niños menores de 5 años en Guatemala: más de un millón. Los efectos físicos y mentales de la desnutrición dañan de por vida a la mitad de la ciudadanía guatemalteca. Su consecuencia: la imposibilidad del salto al desarrollo sostenible de la Nación. Recientes campañas de información y el creciente reconocimiento social de la desnutrición como problema muestran una voluntad nacional para luchar contra el hambre invisible.

POR ADRIANO GONZáLEZ- REGUERAL*

 Unicef se congratula del lanzamiento del plan Hambre Cero, presentado por el Consejo Nacional de Seguridad Alimentaria (Conasan), enfocado en los 166 municipios de mayores índices de desnutrición, iniciándose en San Juan Atitán, Huehuetenango; Comitancillo, San Marcos, y Nebaj, Quiché, por mencionar algunos.

Hambre Cero incorpora los ejes, probados a nivel nacional y mundial, que promueve el Sistema de las Naciones Unidas y sus aliados en el mundo en la estrategia SUN (SOL), siglas en inglés para “Llevar la Nutrición a Escala”.

Esto quiere decir llegar progresivamente a todos los niños, niñas y madres que sufren del problema, liberando a la infancia del hambre y abriendo a Guatemala al desarrollo con una mano de obra capaz y productiva.

Se acercan momentos álgidos para el debate del Presupuesto de la Nación para 2013. Es la ocasión para que el actual Congreso entre en la historia como la asamblea que decidió borrar el hambre de la faz de Guatemala, acordando los Q2,087 millones requeridos para HAMBRE CERO, esperando que en el futuro pueda expandirse a todos los niños desnutridos, superando los 166 departamentos identificados.

Será imperativo que los fondos sean correctamente ejecutados, que se siga con regular exactitud cuántos niños y niñas recuperan la estatura que corresponde a su edad; es indispensable que la ciudadanía mantenga su reclamo para recuperar la capacidad física y mental a la que sus hijos e hijas tienen derecho.

Gobierno, sector empresarial, sindicatos, todas las iglesias y confesiones, municipios, comunidad internacional deben aunarse en esta cruzada: en Guatemala hay capacidades humanas, hay recursos económicos más que suficientes para acabar con la malnutrición.

Lo que ya no quedan son excusas para esquivar esta lucha. Nos toca a todos.

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