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Prensa Libre

22/02/12 - 00:00 Opinión

A CONTRALUZ

Hambre Cero

EL PROGRAMA HAMBRE CERO que comenzó sus actividades la semana pasada en Huehuetenango genera muchas expectativas porque la desnutrición es el mayor de nuestros males y nos marca como un Estado que no invierte en lo más preciado que tiene: la niñez, el futuro del país. Desde esa perspectiva, es positivo que el presidente Pérez Molina haya decidido fijarse la meta de reducir la desnutrición en un 10 por ciento en este cuatrienio. Lo mejor que puede hacer el actual mandatario es desmarcarse del modelo impuesto por el anterior gobierno,

POR HAROLDO SHETEMUL

 pues Cohesión Social terminó como un plan clientelista para captar votos.

UN ESTUDIO RECIENTE de la FAO señala que el 80.8 por ciento de la población del país está en riesgo de seguridad alimentaria, lo cual quiere decir que no tiene acceso al sustento diario. Ya no solo hablamos de que la mitad de la población afronta la desnutrición, sino que este flagelo ha llegado a niveles críticos de familias con niños que no prueban bocado en días completos, mientras otro sector social desperdicia comida. La falta de nutrientes en menores de 0 a 5 años tiene secuelas permanentes en el desarrollo físico, intelectual y emocional, lo cual se prolonga por varias generaciones. La población que vive este drama también carece de servicios esenciales, como agua entubada, salud, educación, vivienda y un sinnúmero de etcéteras que configuran la pobreza en su más cruda realidad.

PARA HACERLE FRENTE a la desnutrición se requiere de un programa integral y no asistencialista como lo fue Cohesión Social. No basta con llevar bolsas con comida y dar transferencias monetarias, porque eso solo generará una población que se acostumbre a poner la mano para recibir dádivas. Ese modelo es contraproducente porque no ataca la raíz del problema y se convierte en un paliativo que se revertirá porque convierte a las personas en parásitas de programas vacíos. Por ello, es importante que el actual gobierno tome nota de la forma como Brasil ha desarrollado el programa Hambre Cero que va más allá de dar comida y dinero, pero que a la vez ha afrontado problemas para cumplir sus objetivos. La estrategia brasileña se basa en cuatro ejes: acceso a alimentación, fortalecimiento de la agricultura familiar, generación de ingresos (empleo), articulación, movilización y control social.

SI BIEN BRASIL HA SIDO TOMADO como ejemplo en la erradicación de la desnutrición, internamente se critica a Hambre Cero porque ha incurrido en clientelismo, en algunas áreas se ha limitado a dar de comer a los hambrientos pero no ha mejorado sus condiciones de vida, los servicios esenciales como agua entubada, educación y salud no han llegado a quienes los necesitan, y el empleo brilla por su ausencia. Esos son, pues, los retos que el presidente Pérez Molina debe superar para que la versión guatemalteca no se convierta en un lastre y realmente cumpla con el objetivo de combatir la desnutrición y mejorar las condiciones de vida de millones de guatemaltecos sumidos en la pobreza.

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