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25/02/13 - 01:33 Opinión

DE HISTORIA E HISTORIADORES

La Historia viva de Guatemala

Los diversos acontecimientos políticos, sociales y económicos ocurridos en Guatemala desde la invasión española hasta nuestros días, son hechos históricos para reinterpretarse racionalmente como problemas de recíproca interacción. Expresé en La Antigua que no es igual trabajar como historiador en Guatemala, donde se castiga hasta con la muerte la osadía de revelar el trasfondo histórico de nuestros acuciantes problemas sociopolíticos, que en Costa Rica, donde una democracia burguesa consolidada permite el libre juego de ideas políticas.

J.C. CAMBRANES

En Guatemala quienes han dirigido la Escuela de Historia de la USAC han encontrado en ella más que un centro de enseñanza y producción historiográfica, un nicho privilegiado para vivir del cuento. Como resultado, la producción historiográfica de dicha Escuela ha sido verdaderamente miserable, desdeñándose la calidad de los trabajos de licenciatura realizados. ¿Qué más le pueden pedir tales “directores” a la vida de holganza, teniendo a su disposición altos salarios, contratos de trabajo permanentes, seguros médicos y jugosas pensiones. Comodidades y beneficios todos muy semejantes a los que tienen los historiadores burgueses exentos de responsabilidades académicas. Reyezuelos sin coronas, pero con séquito de cortesanos.

Por varios motivos relacionados directamente con el difícil período pasado desde 1975, los directores de la Escuela de Historia y sus comisarios políticos se dedicaron a aplicar conceptos históricos marxistas elaborados en épocas tan remotas, como la era de los dinosaurios. Nuestros historiadores “izquierdistas” han estado convencidos durante décadas, de que sólo con aplicar la ya clásica terminología marxista a los sucesos del pasado, está dicho todo. Al mismo tiempo, han procurado no estudiar problemas históricos complicados y frágiles, que sólo les ofrecen inseguridad personal y les impiden pasar el agua bajo cubierto.

Como si de una historia de suspenso se tratara, han nacido y crecido en Guatemala dos generaciones de personas pisoteadas en su dignidad de seres humanos racionales. Los contrarrevolucionarios nunca pensaron en ofrecer una alternativa de gobierno a su autoritarismo cívico-militar, de restablecer la incipiente democracia burguesa que logró instaurar el gobierno de Jacobo Árbenz. Como resultado, casi no existen intelectuales progresistas en el país, sino un indeterminado número de atentos vigilantes defensores de los poderes tradicionales, de las prebendas de los oligarcas, trepas y burócratas, cuya única ambición es el enriquecimiento. Aunque existe memoria histórica de lo sucedido, los fantasmas del pasado andan sueltos por el túnel del tiempo, constituyéndose en la historia viva de Guatemala.

Hay que hacer un vínculo histórico entre el pasado y el presente. En este contexto es necesario visualizar la historia de Guatemala de los últimos 500 años como una historia viva, que no es otra que la historia del pasado que continúa siendo presente. No es necesario andar a la búsqueda de esas joyas que son los documentos históricos inéditos. Basta echar una mirada alrededor y hablar con quienes han participado en las últimas luchas populares y continuarán haciéndolo en el futuro próximo.

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