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Opinión

Hoy, día sin pompa y sin circunstancia

Guatemala será hoy el escenario de la sexta transmisión de mando presidencial, con el nuevo factor de no ser entre candidatos civiles, sino entre un civil y un oficial retirado del Ejército, hecho sin precedentes en un país como el nuestro. El proceso iniciado en 1986 solo tuvo la breve interrupción del autogolpe de Jorge Serrano Elías, prontamente deshecho gracias al funcionamiento de las instituciones democráticas, sobre todo la Corte de Constitucionalidad y el Congreso de la República.

EDITORIAL

Es importante señalar que la totalidad de presidentes electos a partir de 1985 lograron sus puestos gracias a elecciones limpias, legales y transparentes. El mayor riesgo de que tal tradición finalizara existió en el gobierno que entrega, pero por segunda vez la institucionalidad funcionó y los votantes pudieron escoger sin problemas a la opción política que mejor les pareció. Esto es también digno de señalarse porque coloca al país en la ruta de una tradición de democracia electoral que, si bien tiene algunas áreas oscuras, en general pasa la prueba.

El cambio de mando debe ser realizado sin pompa ni circunstancia, porque estos conceptos suponen la costosa suntuosidad y la vanidad. Deben tener, eso sí, seriedad, distinción y austeridad. Los festejos se justifican, siempre que no constituyan derroche o malgasto de dinero. La primera tarea del nuevo gobierno debe ser actuar de acuerdo con las circunstancias del país, que a pesar de las entusiastas declaraciones de los últimos días, es difícil y complicada.

La presencia de las delegaciones de varios países amigos tiene en esta ocasión gran importancia. Como consecuencia de muchos factores, es negativa o al menos no positiva la imagen en el exterior de quienes ahora son civiles luego de haber servido en las filas militares. Pero debe quedar claro que no se trata de un gobierno militar, porque estos tienen como característica haber asumido el poder de manera violenta e ilegal.

No es el caso. Hubo elecciones que dieron como resultado el triunfo de un candidato que sirvió en el Ejército y también es uno de los firmantes de los acuerdos de paz. Esperó los cinco años de la prohibición legal para lanzar su candidatura, fue columnista de prensa, fundó un partido, participó en una anterior elección y luego en una segunda, con lo cual cumplió con la virtual tradición guatemalteca de tocar dos veces a la puerta de la Presidencia antes de que se le abriera.

Ya se ha hablado suficiente de la responsabilidad que tienen los nuevos gobernantes para hacer bien su trabajo. Ahora es el momento de suspender las críticas, los señalamientos y las acusaciones, justificadas o no. Lo que viene es realizar las ceremonias del cambio de una manera serena. Esto implica que los correligionarios del nuevo partido oficial se comporten de manera correcta. Ya habrá tiempo para reanudar la crítica y de iniciarla. Ahora lo procedente es demostrar con las actuaciones maduras, respetuosas y corteses que como sociedad los guatemaltecos sabemos dar una buena impresión a visitantes de primera línea.


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