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04/04/13 - 00:00 Opinión

REFLEXIONES

La Iglesia y el Papa (II)

En medio de los escándalos de la Iglesia y las luchas internas del Vaticano se nombra como nuevo pontífice al obispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, hoy papa Francisco, a quien no debemos ver como un avance de la reforma teológica de la Iglesia, sino como el Papa que puede traer a la Iglesia hacia su misión histórica de evangelizar desde los pobres y quien renovará la Iglesia desde esta visión, con una perspectiva mundial probablemente más distante de Roma y de Europa que en el pasado.

FRANK LA RUE LEWY

En su homilía del jueves 19 de marzo del 2013, día en que se celebra la Fiesta de San José, el papa Francisco dijo que a José se le dio la misión de ser el Custos, o sea el custodio y protector de María y de Jesús, pero al mismo tiempo el protector del cuerpo místico de Jesús, que es la Iglesia.

Además dijo: “La vocación de ser un protector es algo que nos concierne no solo a nosotros los cristianos; tiene una dimensión anterior que es simplemente humana, que concierne a todos”. Y según San Francisco de Asís significa “Respetar cada una de las criaturas de Dios y respetar el medio ambiente en el que viven; proteger a las personas, demostrando protección amorosa por cada una de ellas, especialmente niños y ancianos; aquellos con necesidades que son los últimos en quienes pensamos”; significa “Construir amistades en las cuales nos protegemos unos a otros en confianza, respeto y bondad”.

El papa Francisco concluyó diciendo: “Quisiera pedir a todos aquellos que tienen posiciones de responsabilidad en la vida económica, política y social y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, seamos protectores de la creación, protectores del plan de Dios en la naturaleza y protectores el uno del otro y del medio ambiente”.

Esta visión de protectores es precisamente una visión de derechos humanos, en la que todos debemos defender, proteger y promover la vida y la dignidad de toda persona, así como su medio ambiente. Proteger la vida implica proteger todos los derechos vinculados a la misma y al desarrollo de su integridad humana: el derecho a la alimentación, al agua potable, el derecho al trabajo y a los derechos económicos y sociales; respetar la igualdad de todos los seres humanos, luchar contra el racismo y toda forma de discriminación, así como respetar la diversidad cultural y las libertades fundamentales, empezando por la libertad de expresión, de religión, de pensamiento; la libertad de reunión y manifestación pacífica y de participación política. Además, implica recordar que el Estado como tal y los que formamos parte de él tenemos la responsabilidad de proteger y promover el ejercicio de los derechos humanos y libertades fundamentales.

El papa Francisco, además, insistió en que ser protectores también implica mantener vigilancia en nuestras emociones y en nuestros corazones, porque son el lugar del bien o del mal de nuestras intenciones.

Un mensaje trascendental es cuando el Papa insiste en que: “Nunca debemos permitirnos olvidar que el poder auténtico es servicio”, y además que “Solo quienes sirven con amor tienen la capacidad de proteger”.

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