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28/03/13 - 00:00 Opinión

REFLEXIONES

La Iglesia y el Papa (I)

La fe es una opción espiritual personal de diálogo y relación directa con Dios, en cualquier religión, pero esto también implica integrarse a una comunidad de creyentes que practican los mismos valores y celebran juntos esa fe, con los mismos rituales comunitarios. Es por ello que una opción religiosa, además de personal, se convierte en colectiva, porque implica escoger una comunidad o iglesia en la cual participar. Esta opción de iglesia no siempre es fácil, pues se tienen elementos con los que uno se identifica,

FRANK LA RUE LEWY

pero también habrá personas o prácticas con las que no, y sin embargo se mantiene la participación en la Iglesia porque se cree que la celebración del mensaje de Dios, la oración y las prácticas religiosas en general son de carácter comunitario.

Para quienes somos católicos, ese es el caso de la elección del Papa, a quien se ve como seguidor inmediato de San Pedro y autoridad máxima de la Iglesia en su labor de intercesión con Dios. Sabemos que en la Iglesia ha habido papas con todo tipo de personalidades y algunos con prácticas cuestionables, pero el Sumo Pontífice siempre ha sido y seguirá siendo el signo de unidad y de autoridad de la Iglesia. Es por ello que en estos tiempos de crisis entre los pueblos con diferentes religiones del mundo, que en el fondo siguen siendo enfrentamientos políticos o económicos, el contar con un papa que entienda la necesidad de retomar el liderazgo del diálogo entre las religiones y los pueblos del mundo era particularmente importante.

De igual manera, en un mundo que ha permitido la prevalencia de los intereses comerciales, al extremo de llevar a la quiebra a bancos, instituciones financieras y de bienes raíces, y particularmente, que ha de dejado en la calle a millones de cuentahabientes o de acreedores hipotecarios, era importante contar con alguien que desde la fe nos diera un mensaje de esperanza desde los pobres y cuestionara las estructuras y los conceptos del capitalismo mercantilista que no entiende límites ni fronteras.

Así mismo, debemos incorporar la crisis por la que atraviesa la Iglesia, en cuanto a los escándalos de pederastia de algunos miembros del Clero e incluso los escándalos financieros de lo que fuera el Banco Ambrosiano. Es en estos momentos en que la Iglesia necesitaba una voz profética nueva, alguien que estableciera una visión de esperanza y renovación a partir de un compromiso ético- religioso y que retomara los planteamientos del Concilio Vaticano II y de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (Celam) en Puebla, retomando la “Opción preferencial por los pobres”.

Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, no tuvo el carisma de comunicación con los pueblos y las religiones; sin embargo, su período se caracterizó porque reconoció públicamente los abusos de pedofilia y pederastia en la Iglesia e incluso llevó a una víctima a dar sus testimonio frente a un cónclave de obispos y pidió perdón frente a las víctimas, en nombre de la Iglesia, lo cual nadie había hecho anteriormente. Esto demuestra que era un hombre conservador teológicamente, pero ético que no pudo ni aceptar ni callar estos escándalos en la Iglesia.

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