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09/04/13 - 00:00 Opinión

MIRADOR

Incompleta reencarnación

Escuchar a Nicolás Maduro es todo un ejercicio de análisis del masoquismo más perverso. Con mejores calificaciones, el alumno superó al maestro -sentado junto a Dios- según versión del candidato usurpador de la Presidencia de Venezuela. Los discursos amenazantes -del antaño conductor de bus- usando idéntico tono y palabras del fallecido “comandante” golpista, resuenan en una Venezuela desunida y aturdida por mensajes disonantes. La estupidez meridiana del aparecimiento de Chávez en forma de pajarito susurrándole al oído,

PEDRO TRUJILLO

 dio la vuelta al mundo y predijo lo que puede esperar el país si ese patán de Maduro gana las elecciones, algo probable tras haberse descubierto cómo personas de su entorno cuentan con las claves para manipular los resultados electorales.

La peor noticia —además de la construcción de pobreza y escasez instauradas por el desaparecido Chávez— es cómo discursos infantiles, agresivos y propios de iletrados llenan calles y plazas —si creemos lo que informan manipuladoras emisoras de TV—. ¿Qué capacidad de distinguir tiene gente envuelta en una hipnosis galopante que apoya con sus gritos a un golpista? ¿Así es el “pueblo” venezolano? ¿Saben de los millones dilapidados por Chávez en el exterior que podrían haber generado riqueza en el interior? ¿Son conscientes de su futuro? Ciertas preguntas parecieran no importarles a una masa —suficientemente descrita por Ortega y analizada por Sartori— que conforma ese concepto manoseado y desprestigiado de “pueblo” que intentan sobreponer al de democracia y república que ha fijado el rumbo de la construcción política del último siglo. Surge nuevamente la apuesta por el autoritarismo, con el agregado de estar liderada por figuras sin suficiente masa crítica cerebral que con cuentos —risibles para niños de pocos años— exaltan a masas en trance y adoctrinadas que claman a un bufón que en patriótico pants les silba o les toca los timbales repitiendo su nombre. ¿Qué sentido común tiene todo eso? ¿Qué grado de racionalidad se puede aplicar a ese circo?

Sobre ese postulado de “masa inconsciente”, impropio del siglo XXI, intentan construir regímenes del inicio de la era del ser humano donde el ruido gutural, apenas comprensible, debió haber sido la forma de comunicarse o de aquellos otros del absolutismo monárquico, en el que la maquinaria de fuerza real imponía su estilo y ley en la demarcación que dominaba. ¡Tantos años de esfuerzo filosófico-político para explicar que la división de poderes es necesaria, que el autoritarismo condena a la sociedad, que la libertad debe ser el centro de gravedad de las relaciones humanas y la justicia el eje fundamental que dirima las diferencias, entre otros principios, para que payasos enfermos de poder convenzan a masas manoseadas y utilicen el supuesto ilegal e inmoral del “poder del pueblo” por sobre el estado de Derecho. Así son ciertos países. La historia demostrará que hubo un “grave error”, lo malo es que en el tiempo que dura esa situación —demasiado normalmente— se asesina a personas y se traza un equivocado rumbo que requiere de decenas de años para modificarse: Cuba, Corea del Norte, Rusia, etc. En países exitosos, ese tipo de personajes nunca tuvieron éxito, pero tampoco es común contemplar sociedades de zombis que voluntariamente se revuelcan en el fango al alarido victorioso de discursos que no tienen una sola palabra de coherencia y menos de sentido común. Si Darwin viera todo esto apostaría, además de por la teoría evolucionista, por otra desvolucionista, ¿o será la deconstrucción foucoliana de la estupidez del ser humano? Por aquí parece que no es muy distinto, aunque con estilo propio.

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