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24/11/12 - 02:24 Opinión

Inseguridad sigue siendo un desafío

La semana concluye con una mensaje desconsolador: el crimen sigue imponiendo su ley en el país y por más que se publiciten los esfuerzos en su combate, la situación no parece tener una solución, pues los problemas tampoco son nuevos y es obvio que las anteriores administraciones no cumplieron a cabalidad con su tarea y quizá por ello es que persiste la sensación de que las cosas empeoran, o cuando menos que aquí nada cambia y que puede llevar mucho tiempo encontrar una salida.

EDITORIAL

El lunes se registró un motín en la cárcel de “máxima seguridad” Fraijanes 2, y extrañamente los encargados de ese penal parecen haber obviado partes esenciales del protocolo que deben seguir y pasaron a ser rehenes de un grupo de reos de alta peligrosidad, entre ellos varios integrantes de los Zetas, que al final simplemente se dedicaron a ratificar lo endeble de la construcción de esa prisión, que al igual que otros edificios públicos se ha convertido en monumento a la corrupción.

Por suerte no hubo pérdida de vidas y los incidentes solo dejaron inservible el reclusorio, por lo que los detenidos debieron ser reubicados a otros penales sin que se sepa con certeza, por medidas de seguridad, adónde fue a parar cada quien, mientras con ello ahora se se justifica la pronta reparación o construcción de otras cárceles también consideradas de máxima seguridad, pero de nuevo se percibe que un grupo de delincuentes volvió a imponer sus demandas a las autoridades que sofocaron el incidente 24 horas después.

Apenas habían transcurrido tres días cuando un grupo de sicarios sembró el terror en un complejo de clínicas médicas en la zona 15, al tratar de darle muerte a un supuesto narcotraficante, y en el ataque, que falló en su objetivo, perecieron siete personas, varias de ellas con lujo de saña y premeditación, con lo cual sobresalió lo adiestrado y la espeluznante sincronización de los malhechores que protagonizaron una nueva masacre como las que se han dado en acciones criminales parecidas.

Es oportuno recordar que apenas horas antes de ese último hecho, el mismo encargado de la seguridad interior había reconocido que pese a los esfuerzos oficiales por reducir la tasa de criminalidad, la meta se había alcanzado parcialmente, pues en el primer semestre la cantidad promedio de homicidios había sido de 12, pero de nuevo en la segunda parte del año la estadística marcaba 18 muertes en octubre, con lo que se ratificaba que las cifras de terror siguen provocando mucha frustración y, en consecuencia, también explica la inquietud de la población.

Ciertamente, la violencia continúa siendo el principal azote del país, y por ello es que se insiste en que el Gobierno debe concentrar todos sus esfuerzos y recursos en reforzar el trabajo que llevan a cabo los encargados de la seguridad ciudadana, pues de otra manera esta puede ser una administración que pase a la historia como otra más que tampoco pudo reducir sensiblemente las altas cifras de muertes violentas. No hacerlo solo acrecentará la problemática, pues el combate del crimen debe estar entre las tareas prioritarias para generar bienestar y confianza en quienes ven otro potencial en nuestro país.

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