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01/03/13 - 03:13 Opinión

Interrogaciones sobre el papado

Un nuevo capítulo de la historia mundial quedó abierto ayer, cuando a las ocho de la noche, hora de Italia, una de la tarde en Guatemala, terminó el papado de Benedicto XVI, cuya última despedida marcó de manera indirecta una serie de características que deberá tener su sucesor, independientemente de quien sea el escogido por el colegio cardenalicio durante el período que terminará cuando el humo blanco desde la capilla Sixtina anuncie que la Iglesia Católica tiene un nuevo jefe.

EDITORIAL

Una primera característica es la necesaria relación con la tecnología, lo que debe ser balanceado con la tradición. El hoy papa emérito se dirigió a sus millones de seguidores en las redes sociales para despedirse por última vez de ellos. Se desplazó en un helicóptero en pocos minutos hacia la residencia papal veraniega de Castel Gandolfo y después salió a hacer su última despedida a un grupo de católicos reunidos para saludarlo, esta vez en ese lugar enclavado en la campiña italiana. Sus palabras fueron cortas, de apenas tres minutos, y pareció estar tranquilo antes de ingresar al famoso lugar donde los papas durante siglos han descansado de sus tareas.

No causó ninguna sorpresa la importancia otorgada por los medios de comunicación de todo el mundo, en especial los audiovisuales, por informar acerca de un acontecimiento que, de hecho, no tiene precedente porque el caso anterior se remonta a casi siete siglos. La tecnología, instrumento que permite literalmente al mundo entero vivir acontecimientos históricos, esta vez también hizo lo suyo y gracias a esto la salida de Benedicto XVI revistió características monumentales.

La cobertura mediática es una demostración de que en todo el mundo de cultura occidental la figura del Papa ejerce un interés muy especial, aun entre personas que no profesan la fe católica o en países donde otras religiones basadas en el evangelio tienen más adeptos. La fuerza, el peso, de la figura papal es evidente en el concierto de las naciones, aunque mucho se haya hablado sobre el actual proceso de secularización y de individualismo generalizado. Las palabras de un papa, así como sus libros o sus encíclicas, tienen importancia porque se refieren a valores universales que no han cambiado a lo largo de los 20 siglos de cristianismo.

A partir de ahora, el interés internacional, tanto dentro como fuera del catolicismo, se centrará en las reuniones de los cardenales que tienen la edad suficiente para permanecer activos. En el seno de esos cónclaves, poca duda cabe, se discutirán temas acerca de las cualidades necesarias para que quien suceda a Benedicto XVI pueda funcionar en un mundo donde la tecnología es fundamental para la divulgación del mensaje cristiano.

Estos cónclaves tendrán una característica única en toda la historia del catolicismo: realizarse para elegir a un papa mientras el antecesor está vivo y en constante interés porque llegue alguien con las fuerzas que a él se le terminaron para poder ejercer las responsabilidades del cargo de la menor manera posible. Las interrogaciones, entonces, quedan abiertas.


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