Registrarse ¿Por qué registrarse?

Con tu usuario podrás:


- Ingresar al visor de la edición impresa
   de Prensa Libre

- Comentar cada nota publicada
   *ver términos y condiciones de uso
   del portal

- Obtener beneficios y promociones
   para usuarios registrados de
   Prensalibre.com


Olvidó su contraseña?

Opinión

Sam Colop: Jun Raqan

En los textos mayas las tormentas tropicales siempre han sido una preocupación. El Ágatha ha dado otro ejemplo de su efecto destructor y es lamentable la cauda de muertos y bienes destruidos, como por ejemplo en Chicovix, Quetzaltenango, donde he viajado bastante; conozco bastante bien el lugar, pero es desolador ver fotos de lo ocurrido: la tragedia humana y casas derrumbadas.

Allá, el río Samalá se ha llevado varias veces el puente, hasta que se construyó uno de concreto. Incluso, recuerdo cuando había un puente de madera que no soportó la correntada y para pasar al balneario había que hacerlo sobre las piedras en el río. Los puentes que sí han soportado las corrientes del Samalá son dos construidos hace más de cien años, con fondos de las cofradías del lugar. Como dice un amigo: “Parece que no hay que esperar el 2012 porque el fin se acerca”.

Viene lo anterior porque los fenómenos naturales siempre han dominado el orgullo humano y en la antigüedad se creía que era un dios de las tormentas que las provocaba; tanto es así que, por ejemplo, en la lengua Galibi, idioma de los antiguos Caribes, que habitaban lo que hoy se conoce como Guyana francesa y las Antillas, de donde viene precisamente la palabra Caribe, se dice que ese dios arrancó del continente puños de arenas, lo cual dio lugar a la creación de aquellas islas. En aquel diccionario de 1743 se da cuenta de que a aquel dios poderoso se le identifica como “diablo”, lo cual coincide con lo que escribió Thomás de Coto en su Vocabulario Kaqchikel del siglo XVII, pero aquí hay que recordar que los curas de la época miraban al diablo en cualquier lugar que no conocían. Esto me recuerda una frase de Francisco Pérez de Antón en su libro La Guerra de los Capinegros, que cuando los misioneros pedían que los habitantes de estos lugares renunciaran a Satanás, uno de los ancianos comentó: “Y puesto que nadie conocía allí al tal satanás, mal podríamos renunciar a él”.

Viene lo anterior porque Jun Raqan es el nombre de una fuerza portentosa que significa gigante, tormenta que puede arrasar lo que encuentra a su paso. En el diccionario de la Real Academia Española se encuentra que huracán viene de un término Caribe y se dice que es “un pueblo que en otros tiempos dominó parte de las Antillas”; sin embargo, una propuesta interesante es la de Daniel Brinton, quien en un estudio de 1890 argumenta que la palabra huracán proviene de iroucan, jeroucan, hyorocan, y que es el término que Coto asocia a Jun Raqan. De ahí que de los idiomas mayas la palabra huracán pasó a las Antillas y luego a los idiomas indoeuropeos.

We ne’ lo tzij chi tajin kak’is ri uwach ulew rumal che ri winaq man kichajij taj.


Más noticias de Opinión

Herramientas

Último momento

© Copyright 2012 Prensa Libre. Derechos Reservados.

Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.