La poesía de Cristina Camacho

Margarita Carrera

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Aquí está el universo con más estrellas que planetas, como asegura esta escritora que mantiene su fidelidad a una temática de insondables dimensiones. Su palabra ha estado ligada, al igual que su obra pictórica, a mundos distantes;  a un espacio estelar que supone su adhesión plena al universo, para dejar atrás ligaduras terrenales de inexorables como estrechos límites.

En este conjunto de poemas que Cristina ha denominado Destellos del Universo observamos, como en sus obras anteriores, dos líneas de pensamiento. Una de ellas está signada predominantemente por la reflexión y la indagación existencial, donde la ciencia nutre sus palabras de una manera inequívoca. Ella y su poesía están frente a la humanidad acaso irredenta, acaso ajena al cercano fin de su pequeño planeta. La otra vertiente, revela su actitud como mujer y como ser humano frente a la vida, el amor y la muerte, aunque inmersa siempre en esa dimensión estelar donde anida su mensaje poético.

Acaso nos observan seres hechos de otras materias que, sin embargo, tienen la sensibilidad suficiente para ver cómo nuestro planeta declina en su humana condición. Ojo que nos mira desde la inmensidad celeste y del cual: “Una lágrima brilla y resbala/ por su metálica piel/ sintiendo dolor del alma/ sintiendo dolor de ser”.

Nosotros, aquí, en este espacio terrestre cada vez más despojado de verdor y rodeados de maldad. Allá, alguien comparte nuestro corto destino, porque: “Una lágrima/ extraterrestre brilla, / otra lágrima resbala…”.

El mundo que nos tocó habitar es advertido por Cristina, como un planeta “a merced de máquinas y robots creadores que, no obstante, son sensibles a lo humano, / que nos comprenden y aniquilan / simultáneamente”.

En un ir y venir de lo humano a lo robotizado, la escritora nos revela una visión personal de los avances de la tecnología y la transformación que nos deparará en su ruta inexorable: “Dejaremos de ser simios/ inteligentes para volvernos/ robots humanoides y seres/ portadores de superioridad./ Tecnología, dominante/ tecnología robótica, / cumbre de una deseada realidad”.

En uno de sus poemas, Cristina plantea, sin rebeldía alguna, la ceguera de gran parte de la humanidad ante la evidente grandeza del cosmos.

Tomamos partido por lo inmediato, por lo que satisface los deseos de hoy, olvidando que el universo es un concierto de perfecciones y de donde muchas culturas antiguas se nutrieron de sabiduría y otras, incluso las grabaron en las piedras. Igualmente son válidos estos versos, para el ser individual, que para sociedades enteras que viven sin mirar al cielo, ignorando quizás nuestra infinita pequeñez: “Tenías todo lo más alto/ preferiste lo más bajo, / teniendo historias de luceros / te dominaron las piedras…/ Aquí, yo sigo con la vida/ vestida de cruces angustiadas, /  enfrentando los problemas. / Aquí me tienes todavía / de cara contra el sol, / de cara contra el tiempo”.

Seguir el pensamiento  y la sensibilidad de Cristina en esta travesía poética resulta un hermoso privilegio.

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