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19/11/12 - 02:57 Opinión

Mensaje episcopal a varios sectores

Los documentos preparados por la Conferencia Episcopal de Guatemala tienen la particularidad de contener mensajes que pueden ser aplicados al conjunto social, y provocan reacciones a veces encontradas cuando utilizan lenguaje directo, basado obviamente en principios religiosos pero con aplicaciones específicas en la vida actual del país.

EDITORIAL

El reciente comunicado de los obispos guatemaltecos tiene esa característica de ser específico. Se refiere al sistema de justicia, el Organismo Ejecutivo, los partidos políticos, la empresa privada, las entidades sociales, las organizaciones no gubernamentales y los ciudadanos. Pero con propósitos de comentario, el texto que destaca es la referencia dedicada al Gobierno.

Los obispos aconsejan al gobernante “disipar las sospechas, que se convierten en rumores, de ser un gobierno militarista, intolerante, proclive a favorecer a la empresa privada y sus proyectos por encima del bien común y que emplea la fuerza para sofocar cualquier intento de crítica a su gestión”. Agregan que el mandatario “debe atender las demandas de la población” así como “proponer medidas que favorezcan a largo plazo el bien común y no la búsqueda de la reelección por medio de medidas clientelares.”

En vez de caer en la salida fácil del rechazo a esta forma de ver al actual gobierno, las autoridades necesitan preguntarse por qué los obispos piensan de esa manera, tomando en cuenta que ese criterio es ahora compartido y lo será por más personas. Ciertamente, no es posible estar de acuerdo con todos los criterios episcopales, porque en algunos casos derivan de la carencia o insuficiencia de información, aunque en otras de sus opiniones puede haber desbalances provocados por causas religiosas o ideológicas.

Este documento de los obispos es político, y ello ha sido motivo de críticas entre sectores que ven el papel de las iglesias, de sus autoridades y de sacerdotes o pastores como instituciones separadas de la vida terrenal. Esa posición no es asumida por la Iglesia Católica, y el criterio se explica con la frase del papa Juan Pablo II acerca de que no puede haber divorcio entre fe y vida, y que una de las bases fundamentales del pensamiento cristiano es el amor al prójimo y el bien común.

En esa búsqueda del bien común hay una relación con la actividad política cuando esta existe, y no se ha convertido, como en el caso de Guatemala, en grupúsculos clientelares cuya tarea ha sido vista como la de organizarse para llevar a alguien al poder, con un grupo cercano, unirse a politiqueros desprestigiados y corruptos, participar en el pillaje del Estado y luego desaparecer, dejando una estela de nuevos millonarios.

Es aceptable y bien fundamentado el empleo de la ética como regla para la realización y crítica de la política en su sentido real de ser la forma que tienen los estadistas de manifestarse. Por ello, los señalamientos de los obispos están basados en un principio que no por difícil deja de ser válido: el de ver a la actividad de dirigir el Estado como una forma de obtener el bien común, lo cual significa que todos sean iguales, pero en el campo tanto de los deberes como de las obligaciones.

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