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Prensa Libre

11/03/13 - 00:00 Opinión

Punto de vista

Mercado y fraternidad

La democracia y el mercado vencieron la gran batalla del siglo XX, frente al totalitarismo y al colectivismo. Sin embargo, la lucha contra la injusticia y la miseria continúa. La democracia, como nos recuerda Octavio Paz: “No es un absoluto ni un proyecto sobre el futuro: es un método de convivencia civilizada”. Es un mecanismo imperfecto, como todo lo “parido” por el hombre, pero perfectible.

SADIO GARAVINI DI TURNO

 También el mercado es apenas un mecanismo imperfecto, que ha demostrado su eficacia y su superioridad, en la creación de riqueza, sobre el colectivismo y el estatismo comunistas. Sin embargo, el mercado, como todo mecanismo, es ciego, crea riqueza pero la reparte con indiferencia, produciendo sectores de abundancia y de miseria. Además de generar desigualdad e injusticia, el mercado es inestable, es sacudido por recurrentes crisis y quiebras.

El mercado es un verdadero y necesario motor de la historia, promotor del cambio y la innovación tecnológica, pero también es el creador de gran parte de la angustia psicológica, que deriva de la inseguridad que lo caracteriza. El mercado es un devastador productor de despilfarro y desperdicios.

El mercado está formando una humanidad que, como el hombre necio de Machado, confunde valor y precio. Una sociedad vulgarmente conformista, que está pendiente de la última imbecilidad, que sale de la boca de alguna estrellita de cine. El afán de lucro desenfrenado está fomentando un hedonismo materialista y un individualismo egoísta, una sociedad que lee basura, una “videocracia”, que se enriquece por la inagotable estupidez humana, lo que Vargas Llosa llama la “civilización del espectáculo”. Juan Pablo II, en su Centesimus Annus, reconoce claramente la positiva utilidad del mercado, pero al mismo tiempo indica que debe estar orientado hacia el bien común. A Arístides Calvani, uno de los maestros de mi juventud, le escuché, hace más de tres décadas, mencionar unas ideas, que posteriormente manejaron Octavio Paz y Jacques Attali. Se trata, en síntesis, de la fructífera relación entre las tres palabras cardinales de la democracia moderna: libertad, igualdad y fraternidad.

El liberalismo pone el acento en la libertad, que aislada, produce la desigualdad, que crea las condiciones para la tiranía. El socialismo hace hincapié en la igualdad, pero tiende a oprimir la libertad, transformando la misma igualdad en una farsa en la cual, como decía Orwell: “Todos los animales son iguales, pero hay algunos que son más iguales que otros”. Para Calvani, Paz y Attali, la palabra clave de la tríada es la fraternidad. Clara herencia del cristianismo, su otro nombre sería la solidaridad. Es la virtud en la cual se enlazan las otras dos. Es el nexo que las comunica, las humaniza y las armoniza. En las palabras inmejorables de Octavio Paz: “El único puente que puede reconciliar a estas dos hermanas enemigas —un puente hecho de brazos enlazados— es la fraternidad. Sobre esta humilde y simple evidencia podría fundarse, en los días que vienen, una nueva filosofía política”.

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