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05/02/13 - 00:00 Opinión

PUNTO DE ENCUENTRO

Migrantes, no criminales

La noticia causó indignación en España, aunque a juzgar por algunos comentarios en los blogs, hubo quienes se alegraron: “Ya tienen excusa para querer que se quede una parásita más”. De acuerdo con un cable de la agencia EFE, una niña hondureña de solo 5 años de edad fue retenida en el aeropuerto de Barajas, Madrid, durante 29 horas. La pequeña fue sometida a un interrogatorio para saber si su madre era una trabajadora inmigrante ilegal o si ella pretendía quedarse en España (¡!).

MARIELOS MONZóN

El colmo fue que un juez de turno denegó la medida cautelar que se le solicitó en favor de la niña, porque consideró que no era un caso urgente. Como muchos pequeños centroamericanos, Alexa llevaba varios años de no ver a su madre, quien tuvo que salir de Honduras a buscar empleo en el exterior para poder mantener a su hija. Solamente después de que un grupo de abogadas de la parroquia San Carlos Borromeo de Madrid, que apoya a los migrantes, consiguieron que un Juzgado de lo Contencioso amparara a la niña, la menor pudo reunirse con su mamá.

Alexa estuvo en un pequeño cuarto junto a su prima Dulce, con quien viajaba. La joven de 19 años fue obligada a tomar un vuelo de regreso a Tegucigalpa 48 horas después de su arribo y nunca pudo salir de la terminal. Aun y cuando ambas contaban con un boleto de regreso fechado para el 7 de febrero, reservas de hotel y dinero para pasar una semana de vacaciones, las autoridades migratorias consideraron que pretendían quedarse ilegalmente y actuaron de forma “desmedida y abusiva”, según denuncia una de las abogadas.

Esta historia muestra una vez más los vejámenes que sufren quienes deciden dejar su país en búsqueda de las oportunidades que no encontraron en su tierra. Las violaciones constantes a sus derechos y a su dignidad —a la de sus familiares— y los riesgos de ser secuestrados, violados, asesinados o capturados por redes de tratantes, traficantes y proxenetas van en aumento. Los abusos no solo se cometen en los países de destino, sino también en los de tránsito como Guatemala.

Las prácticas xenófobas, discriminatorias y criminales son una realidad constante que se afronta en todas las etapas de la migración. Una vez arribado al destino, su condición legal les hace víctimas de explotación, soborno, persecución, y corren siempre el riesgo de ser deportados. El 2012 cerró con 39 mil 924 guatemaltecos expulsados de EE. UU.

La realidad de exclusión y pobreza —producto de un sistema económico que genera inequidad, miseria, violencia y subdesarrollo— es el motivo principal para que la gente salga de su país. Las transformaciones de fondo son urgentes para evitar que miles de personas sean prácticamente expulsadas del lugar donde nacieron, pero también se requiere de políticas y legislación que garanticen la dignidad y los derechos de las y los migrantes.

Ser migrante no es sinónimo de ser delincuente. Harta obligación tienen los gobiernos de defender a sus ciudadanos de la xenofobia y la discriminación. El anuncio de una posible reforma migratoria integral en Estados Unidos es un buen momento para demostrar voluntad política y compromiso.

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