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Opinión

PERSISTENCIA

Motivo de inspiración

Lo que monseñor Juan José Gerardi deseaba con la presentación de la obra Guatemala, Nunca Más, era que se conocieran las causas del conflicto armado, con el objetivo de terminar la tragedia que vivimos a causa del enfrentamiento entre guerrilla y gobierno. En octubre de 1994 monseñor Próspero Penados del Barrio, arzobispo primado de Guatemala en ese entonces, solicitó a la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado la presentación del proyecto Recuperación de la Memoria Histórica (Remhi), Guatemala, Nunca Más, a los obispos de la Conferencia Episcopal de Guatemala.

Margarita Carrera

MARGARITA CARRERA

El alma de tal documento había sido monseñor Juan José Gerardi Conedera. El trabajo se inició cuando aún no estaba establecida la Comisión para el Esclarecimiento Histórico. En mi obra En la mirilla del jaguar. Biografía novelada de Monseñor Gerardi, relato cómo Édgar Gutiérrez, principal colaborador de Gerardi, decide apoyarlo en la creación del monumental documento Guatemala, Nunca Más.

—Mirá, Édgar, los militares y los guerrilleros han tenido muchos años para discutir sus diferencias, para ponerse de acuerdo; han tenido que botar desconfianzas; pero han tenido tiempo, han tenido espacio, les han pagado viajes y están los acuerdos de paz, allí; no son malos, pero no son la solución. ¿Por qué no pensamos en la gente que también quedó dividida, que también quedó quebrada, hecha lata, que tengan también el espacio y el tiempo para hablar, ya que ellos asimismo necesitan ponerse de acuerdo?

Así se expresaba Gerardi, con toda sencillez y sin dejar de hacer una dura crítica, tanto a los militares como a los guerrilleros. Porque lo que veía era que los acuerdos entre uno y el otro bando en nada beneficiarían al sufrido pueblo guatemalteco, hundido, en su gran mayoría, en la pobreza.

Dentro de lo que habló Gerardi, me parece oportuno citar lo siguiente: “Estamos en la Comunidad y estamos reunidos en el salón comunal, y entonces yo le pregunto a la gente y aquí¿Qué pasó?, ¿cómo les fue a ustedes? El comisionado militar —yo no sabía que lo era, hasta después lo supe— se levantó y dijo: pues aquí no pasó nada; tranquilos, gracias a Dios y no hay problema. Pero allá al fondo del salón, una señora de corte, kaqchiquel, sin quitar los ojos del suelo, porque nunca nos dirigió la mirada, se levantó y dijo —lo hizo con voz muy dura—: ´Si aquí no pasó nada, ¿quién me puede explicar qué hicieron con mi esposo y dónde están mis hijos´? Y eso como que estremeció a todo el grupo, y ya no dijo más, se sentó y la reunión siguió”.

Otra faceta importante de su personalidad era su profundidad psicológica. Cuando alguien se acercaba a pedirle consejos, Gerardi procedía como un psiquiatra. No daba consejos, sino entablaba un método de preguntas y respuestas. Y como lo cita Édgar Gutiérrez: “Vos mismo te estabas dando la solución; él te ayudaba a ordenar el pensamiento y te ayudaba a analizar. Nunca te decía nada, nunca te daba consejos, nunca opinaba. Y en el trabajo era igual; casi siempre preguntaba ¿Qué piensan ustedes de eso? o ¿Por dónde vamos a ir? Y cuando estaba de acuerdo, solo decía: ´bueno, entonces hagamos eso´”.

Uno de los aprendizajes más valiosos en la elaboración del Remhi fue saber escuchar, algo que Gerardi había enseñado con el ejemplo. Al principio se hacían preguntas, pero pronto descubrió que lo importante era escuchar lo que la gente quería decir. Una vez que entraba en confianza, la gente empezaba a hablar, a desahogarse, a tener su catarsis.

Después de oír aquellos dolorosos y dramáticos relatos, se trataba de ayudar a la víctima para que saliera del abismo en que se hallaba inmersa y pudiera focalizar otros aspectos de su vida, donde aún brillaba la esperanza. Hacía hincapié en el valor que había necesitado para poder sobrevivir.

—Trozos tomados de En la mirilla del jaguar. Ed. F.C.E—.


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