Iniciar Sesión
Registrarse
  Preguntas frecuentes
  |  
¿Olvidó su contraseña? 

Prensa Libre

27/02/13 - 00:00 Opinión

ECLIPSE

Mujeres públicas

En muchos aspectos Guatemala ocupa deshonrosos últimos lugares en América Latina, incluyendo el irrespeto de los derechos de las mujeres. Tenemos el cuarto lugar en la región por las altas tasas de mortalidad materna; según la OIT, somos el país con menos equidad salarial de género en la región; el Foro Económico Mundial, que analiza las disparidades de género en los países, nos ubicó en el 2011 en el puesto 109, el peor clasificado de los latinoamericanos y caribeños.

ILEANA ALAMILLA

El índice global de brecha de género 2012 estudió a 135 países; nuestro puesto fue el 116, también el más atrasado comparado con Zambia, Etiopía, Mauritania y Argelia. El 75% de pobres son mujeres, entre otros datos vergonzosos. Una de las expresiones más elocuentes de ese regateo de los derechos de las mujeres se da en el ámbito de representación política.

Convergencia Cívico Política de Mujeres ha revelado que, de acuerdo con datos que muestran la realidad, el número de diputadas electas de los períodos de 1986 al 2016, o sea 30 años, las mujeres apenas hemos incrementado un 5% la participación en puestos de elección popular, lo que significa que, a ese ritmo, necesitaríamos 224 años para lograr la paridad.

Pero aún así, mujeres aguerridas han desafiado el sistema y se han postulado a cargos públicos. La mayoría han salido derrotadas, principalmente cuando se han postulado para diputadas y alcaldesas, pero algunas han obtenido victorias. Hemos tenido destacadas congresistas, cuyos nombres son reconocidos ampliamente por la población, que abrieron brecha e hicieron un excelente papel parlamentario. Otras no han sido lo que se esperaba, pero de todos modos han contribuido a romper esquemas de exclusión.

Muchas mujeres han dignificado la política, reivindicado a sus partidos y han cargado con el desprestigio del legislativo.

Contemporáneamente dos mujeres que han osado asumir la tarea de construir estructuras partidarias y aspirar a cargos de la mayor investidura a nivel nacional, como la Presidencia y la Vicepresidencia de la República han sido noticia, han tenido desafíos, probablemente mucho mayores que los hombres con similares anhelos.

Pero también han recibido insultos, desprecios, burlas y agresiones; me refiero a Sandra Torres y Roxana Baldetti. Aun cuando una puede no compartir sus ideologías, posturas y actitudes; a pesar de que no se han caracterizado por defender y enarbolar los derechos de las mujeres, que en varias ocasiones han boicoteado la búsqueda de la equidad, que replican comportamientos machistas, no es posible aceptar que se les exhiba públicamente de manera reiteradamente abusiva y descalificadora. Las acciones que puedan causar daño o sufrimiento emocional son expresión de violencia. La vida privada de cualquier persona debe ser respetada.

Manifiesto mi solidaridad a ambas políticas y creo que debe cesar el trato denigrante a sus personas, incluyendo el uso de nombres que no corresponden.

Fiscalicemos con drasticidad, no seamos complacientes ante los errores, desmanes o ilícitos en el ejercicio del poder por parte de los funcionarios (as) públicos, pero con respeto.

Más noticias de Opinión

Herramientas

© Copyright 2012 Prensa Libre. Derechos Reservados.

Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.