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Opinión

WACHIK’AJ

Narco

¿Por qué aquí son tan fértiles el narcotráfico y la violencia? ¿Estarán ligados a una demanda de redistribución de la riqueza y del poder? ¿Es el objetivo de los guatemaltecos y latinoamericanos que se meten a narco solo el dinero fácil? ¿O es el dinero fácil un medio para el objetivo final, que es el poder, que otorga respeto y dignidad?

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MARTíN RODRíGUEZ

La NYU, el Open Society Institute y el NIMD nos reunieron a 20 latinoamericanos para reflexionar sobre el tema en Perú y muchos salimos con más cuestionamientos que respuestas. Para que Centroamérica sea la región más violenta del continente más violento del mundo hay factores que van más allá de los discursos simplones de la derecha, que lo achacan a la corrupción o a la policía ineficiente.

Guatemala es uno de los países más desiguales del mundo. Esto frustra y provoca violencia porque son escasísimas las avenidas para ascender socialmente en la legalidad y son escasísimos los bienes públicos —salud, educación, vivienda— para tener herramientas para lograr una vida digna. La exclusión deshumanizante y la cultura de la muerte del conflicto armado interno comienzan a cerrar el círculo.

Hay otros factores, más sutiles, más cotidianos, más “normales”, que hacen que el círculo lleve infaliblemente a la violencia: la humillación desde el clasismo, desde el racismo, desde el machismo, desde la violencia doméstica o el autoritarismo. Así sucede también en otros países tan violentos como Colombia, Honduras, Sudáfrica o Brasil.

Y aunque suene despreciable y nos parezca inconcebible, la violencia es una manera aterradora de redistribución de la riqueza y del poder —ya lo decía el capo del PCC brasileiro—. Otras sociedades más civilizadas que la nuestra encuentran una fórmula para mayor armonía social —y menos violencia—, redistribuyendo la riqueza y las oportunidades por medio de impuestos y bienes públicos, de salarios más justos y de una participación en política democrática y en un mercado dinámico que permita a los más aptos y comprometidos ser líderes y servidores de la sociedad.

Para comprender las dinámicas de la violencia es clave entender el objetivo del crimen organizado y, en particular, del narcotráfico: la obtención de poder. De estatus, de imponer respeto, de imponer miedo, de “dignidad” frente a los demás. El dinero fácil ciertamente es un vehículo, pero el objetivo final es el poder, la dignidad, el “respect” que reclamaba el movimiento negro en EE. UU. o muchos movimientos insurgentes. El fin de las humillaciones por ser pobre o más pobre o menos rico.

Este análisis no pretende exonerar de culpas ni legitimar a los criminales, que deben ser perseguidos, juzgados y encarcelados con todo el peso de la ley. Lo que pretende es comprender por qué tantos guatemaltecos solo encuentran salidas para vivir mejor en la migración, la informalidad y, cada vez más, en el crimen organizado o desorganizado, y nosotros lo vemos como algo “natural”.

El Estado tiene que reprimir a los traficantes —de mujeres, menores y migrantes; de armas, de drogas, de bienes culturales y naturales—, pero vale más una desarticulación de una banda y una desarticulación de una red de lavado de dinero pública-privada que una incautación de coca o la eliminación de cultivos. Y es más sostenible como política nacional una oportunidad, antes que un castigo después.

Si queremos bajar la violencia y vivir en mayor armonía en Centroamérica, tenemos que cuestionar esta estúpida desigualdad, la exclusión, la humillación y la ausencia de cultura de la vida que sufre la mayoría de guatemaltecos, hondureños y salvadoreños durante todos los días desde siempre. Ahí tal vez encontremos respuestas a por qué estamos como estamos. Vea www.MartinRodriguezPellecer.com


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