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Opinión

CATALEJO

Necesario código para construcción

EL ANIVERSARIO 36 del terremoto de 1976 constituye un momento propicio para reflexionar sobre la sismicidad del país. Quienes lo vivimos, recordamos cómo nos convertimos en conocedores del tema.

Mario Antonio Sandoval

MARIO ANTONIO SANDOVAL

Sin embargo, el tiempo pasó y se nos ha olvidado, mientras por otra parte la mayoría de la población de hoy no ha vivido la experiencia. Según indican expertos en construcciones resistentes a los terremotos, Guatemala es el único país altamente sísmico de América Latina sin un reglamento estructural legal de aplicación uniforme. Los edificios del sector privado han sido bien construidos, gracias al criterio correcto de los ingenieros, pero conforme pasan los años el sistema de autopresión ética tiende a debilitarse.

FUE CREADA LA Asociación Guatemalteca de Ingeniería Estructural y Sísmica (Agies), la cual emitió normas recomendadas para la construcción, muy similares al Código de Construcción Uniforme de California, ya desaparecido, pero a decir de estos expertos no enraízan un sustrato mínimo a cumplir. En el 2010, la Conred acordó utilizar una norma, actualizada en el 2011 con ayuda del Banco Mundial. En este 2012 hay planes para llevar un plan de capacitación gremial, estudiantil y de los entes llamados a administrar las normas, basadas en las recomendaciones de Agies. Entonces se puede hablar de la próxima aplicación de un código generalizado a fin de estandarizar los criterios para la construcción. Es un paso adelante.

PERO EN GUATEMALA, la industria de la construcción se realiza en el campo de lo informal, sobre todo para hacer viviendas. Los maestros de obras, todos autodidactas, en muchos casos han trabajado en empresas grandes y luego se han independizado para trabajar, como se dice en buen chapín, “por su cuenta”. Estas personas tienen sobre sus hombros el peso de esa actividad económica tan importante porque su efecto de cascada es muy grande, al afectar de manera positiva a las pequeñas industrias relacionadas. Por lo general lo hacen de manera simple y a precio razonable. Poco a poco desaparece el adobe —agradable a la vista, pero peligroso— y es sustituido por el block de cemento, lo cual ha significado un cambio en el paisaje urbano y rural.

LA MULTIPLICACIÓN de estos pequeños empresarios constructores fue uno de los efectos del terremoto de 1976. Ellos aplicaron las normas del Fondo de Hipotecas Aseguradas, y ya en el reciente sismo de Cuilapa se derrumbaron las casas de adobe, pero no las de block. Ello evidentemente provocará la disminución de víctimas en el área rural, donde vivía la mayor cantidad de víctimas fatales del 4 de febrero. Sin embargo, el riesgo se mantiene como consecuencia de la construcción de edificaciones a veces de hasta cinco pisos, para lo cual por simple lógica se deben tener mayores conocimientos para el cálculo adecuado del tipo de hierro, dimensiones de las columnas, etcétera. Por otra parte, hay diferencias de la calidad de esta construcción.

EN EFECTO, A VECES en los municipios pequeños junto a casas evidentemente bien construidas se encuentran otras de menor calidad en la apariencia y en la realidad. Muchas veces son las construidas por organizaciones no gubernamentales con ayuda internacional. La construcción estatal también provoca dudas en cuanto a hospitales y escuelas, pero también puentes, caminos, etc. Los efectos del siguiente terremoto se pueden disminuir, pero para ello es necesario hacer obligatorios los códigos y prohibir la construcción de casas en lugares de alto riesgo y explicar a los ciudadanos el riesgo de hacerlo en laderas. El triste espectáculo de ver a personas abandonando sus viviendas, como ahora ocurre en Mixco, no debe repetirse.


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