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07/07/13 - 00:03 Opinión

LA BUENA NOTICIA

Nueva evangelización

La nueva evangelización es la tarea que la Iglesia católica ha asumido como su misión para este tiempo. Hace 50 años se celebró el Concilio Vaticano II, con el propósito de establecer la manera como la Iglesia debía realizar su misión de siempre en las nuevas condiciones culturales.

MARIO ALBERTO MOLINA

A mediados del siglo XX se podían identificar ya los rasgos distintivos de la cultura en que la humanidad comenzaba a vivir. Se hacía urgente modificar los estilos pastorales, con el fin de que el Evangelio y la fe cristiana de siempre tuvieran pertinencia para los hombres y mujeres de los nuevos tiempos.

El rasgo principal de la nueva cultura es su horizonte global, que se funda en el desarrollo de los medios de comunicación, que facilitan intercambios de todo tipo entre los pueblos y naciones del mundo. La nueva cultura también promueve el individualismo, la privatización de la fe, la consiguiente proliferación de las opciones religiosas juntamente con el secularismo, que es la exclusión de toda referencia religiosa en la vida pública.

En los últimos 50 años la Iglesia ha caminado en la senda de la actualización pastoral del Concilio Vaticano II. Ha habido experimentaciones equivocadas, iniciativas impropias. Pero también ha habido logros. Se han consolidado opciones. La Iglesia católica sin duda crecerá cada día más en su capacidad de proponer el Evangelio de Jesús a las nuevas generaciones.

Quienes conocen poco a la Iglesia piensan que su renovación consiste en acomodarla a los cambios culturales. Una cosa es variar las formas, el lenguaje, los métodos para hacerse entender mejor; otra cosa es cambiar para asimilarse mejor al ambiente. Toda renovación auténtica en la Iglesia tiene su fuerza en la capacidad de volver a las fuentes: a Jesucristo y al evangelio.

Entre las instrucciones que Jesús dio a sus discípulos acerca del modo como debían actuar en su tarea evangelizadora, dos merecen especial atención, por su validez permanente. Primero, el evangelio es siempre una oferta, una propuesta, no una imposición. Mientras la Iglesia cristiana fue parte de la organización política de los Estados y garantía de la unidad de las naciones, la evangelización como iniciativa estatal recurrió a la violencia. Pero ahora, en la nueva evangelización, el carácter libre de la oferta y de la respuesta de fe debe ser rasgo distintivo de un nuevo talante misionero. En vez de la fuerza coercitiva del Estado actuará la fuerza de la credibilidad del testigo y del mensaje. El segundo rasgo es que los evangelizadores son mensajeros de paz, de salud, de salvación, y por eso se dirigen en primer lugar a los enfermos, no solo de cuerpo, sino también de espíritu. Los autosuficientes, los satisfechos, los impecables no las necesitan. El evangelio es la puesta en acto de la misericordia divina para llevar alivio y esperanza a los indigentes que buscan sentido para sus vidas, perdón para sus errores, salvación frente a la muerte. La nueva evangelización será siempre presentación de Jesucristo como aquel en quien la vida humana adquiere sentido y plenitud.

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