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Opinión

RERUM NOVARUM

Nuevas autoridades

Hoy toma posesión Otto Pérez Molina como presidente de la República, y Roxana Baldetti, como vicepresidenta de la República. Mañana tomarán posesión las autoridades municipales en todo el país. En el antiguo calendario maya hay unidades de tiempo muy largas como la que se celebrará este año, mientras que en el antiguo calendario griego una unidad de tiempo importante era la olimpiada, celebrada cada cuatro años. Desde 1996 esa es la medida del tiempo en nuestro ciclo político: cuatro años, y va para afuera.

Gonzalo De Villa

GONZALO DE VILLA

La toma de posesión del presidente Pérez Molina marca aprensiones en algunos sectores, por razones legítimas en unos casos, pero muy ilegítimas en otros. Marca también grandes esperanzas para muchos ciudadanos. Es evidente que el pueblo de Guatemala no está contento con sus políticos en general, con el sistema político en su conjunto y con los excesos en corrupción, en incompetencia y en ineptitud por parte de numerosos miembros de la clase política. La llegada de un nuevo gobierno y de un nuevo presidente abre expectativas y no puedo sino pedirle a Dios que el nuevo gobernante lo haga bien como autoridad máxima de la Nación y le vaya bien como mandatario.

La Iglesia Católica define, en su compendio de Doctrina Social, de la siguiente manera las funciones de la autoridad política: debe garantizar la vida ordenada y recta de la comunidad, sin suplantar la libre actividad de las personas y los grupos, sino disciplinándola y orientándola hacia la realización del bien común, respetando y tutelando la independencia de los sujetos individuales y sociales.

Esta definición nos llama a varias breves reflexiones: una función fundamental de la autoridad política es ordenar y poner orden en la comunidad. Ese orden se debe basar en la rectitud. No hay peor cosa que le pueda pasar a un país que caer en la ingobernabilidad. Por ello un reto grande para el nuevo presidente es entender cómo una de sus funciones fundamentales es promover el orden inspirándose en la rectitud.

No es labor del Gobierno suplantar acciones cuyo ámbito natural es la persona y los grupos legítimos existentes. No hay que coartar las buenas iniciativas de personas, grupos y asociaciones. Pero sí hay que disciplinar y orientar el conjunto de la vida social para que promueva el bien común. Aquí encontramos otro elemento fundamental para guiar cualquier acción de gobierno. Es respondiendo a la pregunta de si favorece o no el bien común como país de cualquier decisión o política a implementar.

Finalmente, respetar y tutelar la independencia de los sujetos, ciudadanos y organizaciones legítimas, constituye el último encargo. Combinarlo no es fácil; ejecutarlo, menos aún. Pido a Dios por Guatemala y por sus nuevas autoridades para que caminen, con fortaleza y rectitud, buscando trabajar siempre por el camino del bien para todos, el bien común. Dios bendiga a Guatemala.


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