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18/01/13 - 00:00 Opinión

CATALEJO

Nuevos atrasos en la educación

LA PRESENTE SEMANA ha tenido una característica causante de efectos muy difíciles, si no imposibles, de medir, y están relacionados con la educación. Es notoria la disminución de jóvenes dispuestos a inscribirse en los institutos públicos, como consecuencia de la incertidumbre acerca del futuro inmediato del ciclo escolar del 2012. Algunas organizaciones estudiantiles han anunciado acciones cuyo fin es interrumpir el proceso de inscripción, enfrentarse a las autoridades educativas, por su parte dispuestas a no ceder en nada

MARIO ANTONIO SANDOVAL

de lo referente al llamado Bachillerato en Educación y al aumento de un año lectivo adicional a los existentes, como requisito para recibir el título de Maestro de Educación Primaria, Preprimaria o Secundaria.

SIN ENTRAR A considerar cuáles de los argumentos de las partes tienen más fuerza, tanto en la teoría pero sobre todo en la práctica, es necesario detenerse para pensar en los efectos de la pérdida de días, semanas o meses de horas de clases. Son miles de millones de horas lectivas, traducidas en un atraso educativo, reflejado posteriormente, con toda seguridad, en factores de atraso social y por ello de efectos económicos. La ausencia de horas de educación es aún más negativa porque de todos modos la calidad de la enseñanza es desficiente en general, sobre todo en los institutos públicos. Las causas son numerosas, pero entre ellas se puede señalar como fundamental la reducción del número de maestros autocalificados como gente con una misión de especial interés, y no como nada más “trabajadores de la educación”.

ANDRÉS OPPENHEIMER, conocido comentarista internacional, se ha dedicado a analizar algunos factores de la educación en los países latinoamericanos, y compararla con los llamados “tigres asiáticos”. Una diferencia radica en las horas dedicadas a la educación en primaria, secundaria y en la universidad. A ello se agrega el orgullo de los padres porque sus hijos tengan un nivel superior al de ellos, la disciplina dentro de los establecimientos educativos, a los difíciles exámenes de admisión, a la exigencia de hablar bien el idioma nacional, es decir el japonés. La educación es obligatoria en la teoría y en la práctica, además de ser motivo de orgullo y satisfacción y por ello el 90 por ciento de la población asiste a las escuelas secundarias.

LA EDUCACIÓN TIENE una relación directa con la capacidad de los ciudadanos para aspirar a mejores empleos. Quienes han tenido oportunidad de pasar por un sistema educativo, aunque tenga altibajos y no siempre tenga la calidad deseada, poseen una capacidad mejor de comprender instrucciones escritas, de recordar órdenes e instrucciones, y todo esto es fundamental en un mundo tan competitivo como el actual. La falta de educación, sobre todo en el lamentable y temible analfabetismo, constituye una condena a trabajos manuales poco remunerados, por un lado, y por el otro, de efectividad disminuida. En otras palabras, una educación disminuida se convierte en un afianzamiento en el subdesarrollo y en la totalidad de sus manifestaciones.

LA FALTA DE EDUCACIÓN es un asesino silencioso y también imperceptible del cuerpo social. Hay necesidad de hacerla converger en planes de estudio coherentes, así como comunes, y en ese sentido constituye un trágico error provocar divisiones educativas de los temas básicos por motivos de etnia, de idioma distinto. No he mencionado otro aspecto: la educación debe ser de calidad, impartida con profesionalidad y sobre todo con entusiasmo y con dedicación. Ser alfabeto, por ejemplo, no es suficiente: se debe tener la capacidad de comprensión de lo escrito, y ello requiere una amplia extensión de palabras. La realidad educativa es compleja y por ello las huelgas y acciones para impedirla constituyen un crimen de lesa patria.

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