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Prensa Libre

07/07/13 - 00:07 Opinión

EDITORIAL

Obras alejadas de la realidad

En la cultura occidental se acuñó desde hace décadas el término “elefante blanco” para referirse a propiedades cuyo mantenimiento resulta oneroso en comparación con los beneficios, o también a aquellas que son de utilidad para otros, menos para quien paga por ellas. En nuestro país la frase se utiliza con mayor rigor cuando se habla de obras fastuosas que definitivamente son de escasa utilidad para la población, pero representan grandes beneficios para quienes deciden construirlas.

Los ejemplos son variados en nuestro medio, y muchos de ellos se remontan a la época de los regímenes militares, cuando empezaron a erigirse enormes complejos, como ocurrió con la construcción del Hospital San Juan de Dios, en la década de 1970, y para lo cual se hizo una inversión millonaria que tampoco llegó a dar los servicios para los que fue diseñado, lo cual se ejemplifica con el helipuerto que languidece en su terraza y que hasta ahora solo ha servido para recibir a Santa Claus.

En las alcaldías de varios municipios se pueden apreciar otras obras en las que el despilfarro ha sido evidente, algo de lo que pueden dar fe algunos mercados o terminales de autobuses que han quedado en el abandono en diferentes departamentos, o el sinfín de canchas de basquetbol que la mayoría de alcaldes han mandado a construir sin que en el país exista siquiera una liga profesional en la que se practique ese deporte. Es más, ni siquiera en esas comunidades los pobladores se dedican a esa disciplina.

Hasta ahora cada gobernante ha hecho su propio aporte para continuar con esa tradición de construir obras faraónicas que poco beneficio han representado para los guatemaltecos, y el anuncio más reciente fue el que hizo el gobernante Otto Pérez Molina, en Taiwán, donde recalcó a una agencia de noticias que el proyecto del canal interoceánico sigue en pie, y que el nuestro tiene más garantías de éxito que el de Nicaragua, ya que también contempla la edificación de un gasoducto, un oleoducto, una supercarretera y una línea para el ferrocarril.

Además, el mandatario argumentó en sus declaraciones a la agencia EFE que el de Nicaragua tiene el inconveniente de que será más parecido al de Panamá, e insistió en que los estudios del proyecto guatemalteco están mucho más avanzados y todo mundo está de acuerdo, por lo que es más rápida su viabilidad, aunque hasta ahora ningún funcionario ha podido brindar más detalles de una obra que parece imposible de ejecutar, por las características de nuestro territorio y porque su costo rebasaría los Q80 mil millones.

Lo cierto es que ese megaproyecto se antojó como algo que supera a cualquiera de nuestros tradicionales elefantes blancos, porque hay que recordar que anteriores administraciones han planteado la misma idea, aunque el actual mandatario se muestra más entusiasmado con esa construcción, lo cual difícilmente podrá llevarse a cabo porque resulta verdaderamente absurda una inversión tan colosal cuando otros países vecinos trabajan en obras similares. Tratar de competir con las facilidades que ya brinda el Canal de Panamá es algo más que ingenuidad.

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