Opinión

PALABRAS DE PAPEL Merecido galardón

Se reconocen los esfuerzos por la paz del expresidente Jimmy Carter.

Por POR: EDUARDO P. VILLATORO

A mitad de su segundo mandato, el republicano Richard Nixon fue obligado a abandonar la Presidencia de Estados Unidos, como consecuencia del escándalo político conocido como Watergate.

Le sucedió el vicepresidente Gerald Ford, quien se postuló para el siguiente período, en 1976, pero fue derrotado por un desconocido político del partido Demócrata, cuya administración ha sido considerada por sus críticos como una de las más descoloridas en la reciente historia norteamericana.

Se trata, como es suponer, de Jimmy Carter, a quien este año se le ha conferido el Premio Nobel de la Paz, en reconocimiento a los importantes esfuerzos que ha hecho para contribuir a evitar la guerra entre países históricamente enemigos y por alentar el proceso de democratización en América Latina.

Durante su gobierno, el presidente Carter presionó e impulsó sanciones a sangrientas dictaduras militares latinoamericanas, por sus constantes violaciones a los derechos humanos, lo que le ganó la antipatía de las corrientes conservadoras y las fuerzas derechistas del continente, pero también determinó que el pueblo de Estados Unidos tomara conciencia de lo que ocurría en sus abandonados vecinos del hemisferio.

Al terminar su período de cuatro años, el presidente Carter no pudo con la retórica beligerante del republicano Ronald Reagan; pero en vez de retirarse cómodamente a su vida privada, inició una intensa actividad de monitoreo de procesos electorales, primero en América Latina, y posteriormente en otras regiones del mundo, convirtiéndose en garante de elecciones libres.

En franco desafío a la endurecida política anticastrista de la administración Bush, Carter le tendió la mano a Cuba, al efectuar una histórica visita a la isla, donde se reunió con el presidente Fidel Castro, portando consigo un mensaje a los cubanos a favor de la liberalización, la apertura y el fin del bloqueo.

El otorgamiento del Premio Nobel de la Paz a Jimmy Carter, además de reconocer su valioso papel de conciliador en la escena mundial, también significa una velada pero seria crítica al guerrerismo de Bush, pues como lo señala el diario argentino El Clarín, se cuestiona la respuesta unilateral y el intervencionismo armado que se arroga como derecho el prepotente gobierno de Estados Unidos.

(Un gringo simpatizante de Carter le cuenta a Romualdo que Hillary, la esposa del presidente Clinton, tenía que madrugar todos los días si quería ser la primera dama).