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Prensa Libre

23/08/13 - 00:00 Opinión

SIEMPRE VERDE

Paciencia

Hace unos días se publicó una noticia que debía preocupar a quienes la leyeron: Los seres humanos ya nos gastamos, en agosto, todos los recursos naturales que nuestro Planeta puede proporcionarnos -y reponer para seguir funcionando normalmente- para el período del año 2013. O sea que a partir de ahora estamos en números rojos: en los cuatro meses que quedan de este año, vamos a consumir parte de nuestra dotación del año entrante... y así sucesivamente. Los seres humanos -desde que empezamos a evolucionar-

MAGALí REY ROSA

hemos tomado todo lo que hemos necesitado ¡y mucho más! para nuestro “desarrollo”, de un sistema de vida interconectado y balanceado, al que solo le devolvemos basuras y tóxicos, que ese mismo sistema tiene que procesar. Hemos destruido —y seguimos destruyendo— gran parte de los ecosistemas naturales de nuestro planeta. Cada vez somos más, y los más adinerados mantienen un ritmo de consumo y desperdicio tan acelerado que se necesitarían varios planetas para “satisfacer” sus “necesidades”.

Por el otro lado, miles de millones de seres humanos no tienen alimentos sanos ni acceso a agua potable. Esos miles de millones de empobrecidos son la excusa que usan los políticos más cínicos para justificar la explotación ilimitada de los recursos naturales —renovables y no renovables— de nuestro planeta. El Banco Mundial dice ahora que sus objetivos principales son: acelerar la reducción de la pobreza y revertir el cambio climático.

El cambio climático ya puso en riesgo la producción de alimentos, y socava la productividad agrícola. Los pobres son los más vulnerables. ¿Van a revertir el cambio climático por medio de la absorción de gases de efecto invernadero que hacen bosques y la fotosíntesis en general, deteniendo los proyectos basados en combustibles fósiles y carbón; o van a aliviar la pobreza eliminando más bosques para aumentar la producción de alimentos? ¿O ninguno de los dos?

Si los pobres es a quienes se deben los estados —como afirmó¿cínicamente? un columnista de este medio—, los jefes de Estado lo disimulan muy bien. El señor de marras se refería puntualmente a la decisión de Rafael Correa de finalizar con la propuesta de conservar el parque Yasuní—propuesta que puso al Ecuador a la cabeza de los países del mundo en cuanto a medidas concretas para combatir la crisis ambiental— porque no consiguió todo el dinero que pedía por el sacrificio en que incurriría su país, en las condiciones que él quería. El columnista casi celebraba que Correa haya escogido sacrificar a la naturaleza, para regocijo de las transnacionales petroleras.

Aquí, nuestro empleado mejor pagado no se las lleva de ecologista, ni pretende ocultar que el estado de la naturaleza le importa un comino. Nosotros estamos mejor que los ecuatorianos que creyeron en su presidente: no tenemos que decepcionarnos, no esperamos nada de nuestro presidente ni del ministerio contra el ambiente. La única institución que parece actuar correctamente —desde la perspectiva ambiental— es Conap. Importante, porque las áreas protegidas son el único amortiguador que tienen las poblaciones más empobrecidas frente a los embates del cambio climático. La ayuda que pueden esperar las comunidades guatemaltecas de este gobierno es como los frijoles que está repartiendo el Maga: no apta para consumo humano.

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