Padres y Navidad

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al sentirse perseguidos para salvarlo y, finalmente, fue educado, protegido y ayudado a crecer hasta los 33 años, en que murió, mientras su madre estaba al pie de la cruz. La sociedad de la época era mucho más pobre y machista que cualquiera de las actuales y la mujer estaba ausente de la vida pública; el hombre tomaba la mayoría de las decisiones.

Los antecedentes vienen a cuento porque de aquella responsabilidad ancestral, pasamos a una preocupante cesión de obligaciones y proteccionismo estatal irresponsable. El apoyo a la mujer y a sus hijos pasa por proporcionarles ayuda económica o alojamiento estatal, sin perseguir contundentemente al padre que abandona, maltrata o no cumple con su parte del compromiso. Aceptamos gustosamente que el Estado también ofrezca escuelas y sanidad públicas, porque es más fácil delegar esas funciones en un ente inoperante y descargar la conciencia propia, que hacernos cargo de nuestros hijos y asumir las correspondientes gastos y responsabilidades. Algunos “papás” suspenden la pensión alimenticia a partir de los 18 años —mayoría de edad— aunque es momento de asistir a la universidad o buscar un trabajo y suele ser la madre quien se hace cargo de ellos, culpa del autismo paterno.

La concepción de los hijos —salvo casos muy puntuales— es un proceder consciente de ambas partes, aunque no siempre aceptado después. No se trata de un acto de fe, como fue en aquel milenario momento, sino de una realidad que luego se quiere desconocer y hasta destruir. No hay excusa ni pretexto, aunque cada quien busca interesadamente cómo justificase. También hoy en día, en esta sociedad machista, es la mujer la que carga con la mayor parte de la responsabilidad del cuidado de los hijos, y el hombre el que debe ir asumiendo progresivamente deberes que hagan del proceso un acto compartido, o equilibrado si se desea. Nadie enseñó a aquellos padres a formar un buen hijo y eso no ha cambiado mucho. No creo en libros o fórmulas para llegar al éxito. La crianza es algo que se aprende con la práctica y obedece a una compleja matriz en la que, por lo menos, están los dos padres, el hijo y el entorno inmediato de los hermanos, cuando no otros familiares que también inciden, además de amigos, conocidos, experiencias vividas, etc. El éxito se sustenta en trabajo y dedicación, y otro tanto de suerte y de incidencia de aspectos biológicos y emocionales que escapan a nuestro común entender.

En estas fechas que celebramos la natividad de Jesús, quizá sea bueno extender la reflexión a la paternidad y maternidad responsables y tomar conciencia de los compromisos que se contraen con los hijos y cuál puede ser la ruta del éxito, sin que necesariamente nada la asegure. Si se pudo hace más de dos mil años, no está permitido renunciar ni dejar en manos de otros —menos del Estado— nuestros deberes. Asumido el compromiso, únicamente queda ejercerlo con entusiasmo, paciencia, sabiduría y pasión. ¡Feliz Navidad!

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ESCRITO POR:

Pedro Trujillo

Doctor en Paz y Seguridad Internacional. Profesor universitario y analista en medios de comunicación sobre temas de política, relaciones internacionales y seguridad y defensa.