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Opinión

VENTANA

Pan K’an

De acuerdo con los mitos ancestrales de las comunidades tzutujiles de Santiago Atitlán, “los dioses de la lluvia” crearon el Lago de Atitlán. Es muy posible que sus hazañas fueran pintadas en lienzos de tela de algodón como lo hicieron las culturas en la Mesoamérica precolombina. Esos “libros hablados”, como dice el Clarinero, fueron el registro de la memoria histórica de aquellos pueblos milenarios. La gente acudía a las plazas para “ver” y escuchar las historias relatadas por sabios narradores.

Rita María Roesch

POR RITA MARíA ROESCH

 Luego, por las noches, en sus hogares, las familias las recreaban sentadas alrededor del fuego. Desde tiempos inmemoriales la tradición oral ha sido el hilo que mantuvo viva a la cultura maya. Así fue como se documentó el Popol Wuj, la historia del pueblo k’iche’.

Cuando viajo al Lago de Atitlán y me dirijo a una aldea tzutujil que lleva el nombre de Cerro de Oro, porque se encuentra asentada en las faldas de ese cerro, en el cruce del camino que conduce al pueblo, siempre veo que una empresa de turismo local colocó una valla que invita al visitante a “subir al elefante dormido”. Se aprecia un dibujo de Cerro de Oro que simula a un elefante. La figura se refiere a una imagen del cuento de El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry.

¿Cómo, me pregunto, en esta tierra atiteca, con una cultura ancestral tan rica, se invita al turista a vivir una experiencia ajena a las historias antiguas del Lago de Atitlán? La respuesta es muy clara. Ese anuncio evidencia que en esta comunidad tzutujil los nietos dejaron de escuchar las historias de los abuelos. El hilo de la tradición oral ya se rompió. La gente de Cerro de Oro ya no recuerda que este cerro era sagrado, que antiguamente le llamaron Pan K’an. Los dioses de la lluvia eran hombres y mujeres con dones especiales. El cerro fue un sitio donde estos dioses creaban las lluvias, escondían las nubes y guardaban sus secretos.

A partir de este año 2012 Guatemala tendrá un lugar especial en el mundo, por el cierre del 13 B’aktún. Si logramos mayor estabilidad política y seguridad en el país, el nivel del turismo aumentará.

Nuestro paisaje de lagos y volcanes son un gran atractivo, pero la visión del mundo maya genera un encanto mayor. Santiago Atitlán ha sido una comunidad muy rica en tradiciones. Ahora, con la llegada de la nueva era, valdría la pena que los atitecos revivieran sus antiguas leyendas. No solo atraerían a los visitantes, sino nutrirían la vida de las nuevas generaciones de jóvenes y niños tzutujiles que han crecido ajenos al espíritu del lago, de los cerros, de la fauna y de la flora del lugar. “Dejaron de respetarlos como los respetaron los abuelos antiguos”, susurró el Clarinero.

Así como el sabor del océano se encuentra en una de sus gotas, los mitos ancestrales de las comunidades tzutujiles contenían lo mágico, lo sagrado, que sostenía la vida del mundo natural y cultural del Lago de Atitlán.

El próximo viernes les contaré sobre Pan K’an.





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