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22/02/13 - 00:00 Opinión

SIEMPRE VERDE

Panorama desolador

La sociedad guatemalteca tiene problemas tan serios como que el 48% de sus niños padece de desnutrición crónica y es uno de los países latinoamericanos con mayor índice de muertes en niños menores de 5 años. Además, Guatemala es uno los países más violentos del mundo, famoso por la corrupción imperante entre los sectores poderosos y las instituciones gubernamentales, por el racismo que ejerce el mismo Estado hacia los ciudadanos indígenas y por sus elevados índices de impunidad.

MAGALí REY ROSA

Parece que eso no quita el sueño a quienes —con techo, alimentación, educación y trabajo— no hacen absolutamente nada para remediar esta situación. ¿Cómo atreverse —con tan desolador panorama— a insistir en la importancia de proteger y cuidar nuestro patrimonio natural? ¿Qué esperar de una sociedad que no quiere —por una parte— y que no puede —por otra— hacerlo? Sabemos que del gobierno —y muy especialmente de este— no hay que esperar nada a ese respecto. Desafortunado, porque una política de cuidado ambiental podría evitar que se agraven los crecientes problemas ecológicos que golpean —por encima de todos los demás problemas— a la población.

Pero eso no es lo que vemos en nuestra querida Guatemala, sino todo lo contrario. Hay un frenesí de explotación de nuestros bienes naturales, que implica irremediablemente su destrucción. El costo principal de seguir atrayendo y permitiendo explotación petrolera y minera transnacional; construcción de represas y plantaciones de monocultivos a punta de químicos —por ejemplo— es que toda el agua que consumen y contaminan esas megaindustrias es agua que no podrán usar ni la población ni otras industrias. La pérdida de agua es un costo letal, pero no el único...

Hay rumores del paso de barcazas en Río Dulce para favorecer a la explotadora de níquel que arruinará Izabal, de la destrucción de las cuevas de Candelaria para abrir una carretera ilegal, de la expulsión de comunidades del Sarstún para abrirle el camino a la explotación petrolera... además de todos los demás conflictos sociales y económicos que provoca la destrucción y explotación de nuestros bienes naturales.

La crisis ambiental afecta ya a todo el planeta, aunque haya quienes insistan en negarla y traten de confundir a la población hablando —incorrectamente— de calentamiento global y sacando el tema a colación cuando arrecia el frío. ¡Vaya! ¿será que los miles de científicos que conforman el Panel Intergubernamental de Cambio Climático, los climatólogos de la Nasa y otros tantos científicos alrededor del mundo están equivocados; o son corruptos y fingen preocupación por el tema porque alguien les paga? O tal vez quienes lo niegan no quieren hablar de cambio climático porque ese término evoca ciertas responsabilidades. Llamémosle —si quieren— desbarajuste climático; y lo vemos en las noticias sobre las sequías, incendios, inundaciones, nevadas, tormentas, huracanes, avalanchas, derretimiento de glaciares, pérdida de biodiversidad... en todas partes, todos los días. Sea como fuere, lo sensato sería tomar precauciones, y tratar de cuidar y proteger los sistemas naturales que nos han dado las condiciones para vivir en esta Tierra.

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