Registrarse ¿Por qué registrarse?

Con tu usuario podrás:


- Ingresar al visor de la edición impresa
   de Prensa Libre

- Comentar cada nota publicada
   *ver términos y condiciones de uso
   del portal

- Obtener beneficios y promociones
   para usuarios registrados de
   Prensalibre.com


Olvidó su contraseña?

01/04/13 - 00:00 Opinión

Eclipse

Pasión sin resurrección

Terminó la Semana Santa, colmada, en la dimensión espiritual del imaginario popular, de un culto a la pasión y al sufrimiento y una casi ausencia del gozo de la resurrección, lo cual es correspondiente con nuestra cultura, tan desproporcionalmente inclinada a reafirmar la pesadumbre. Pero el sentimiento de congoja que pareciera prevalecer socialmente es aún peor cuando escuchamos que, después de estos días en los que se enfatizó el tormento, muchos dicen, refiriéndose a la semana que hoy comienza, que “volvemos a nuestra cruda realidad”.

ILEANA ALAMILLA


Lo peor de todo es que, aun con el riesgo de sumarnos a este pesimismo, la vivencia cotidiana pareciera confirmar la desesperanza popular. Son ciertas las angustias que vive la gente de a pie, cuando salen de sus casas y no saben si la vorágine de violencia que impera en las calles les permitirá regresar a sus hogares sanos y salvos. También es realidad la incapacidad del Estado para enfrentar un flagelo que nubla nuestro presente y futuro, como es la narcoactividad y el crimen organizado. De igual manera, a niveles más estructurales, la mayoría de la población no necesita de la Semana Santa para cargar las cruces de la pobreza, de la exclusión, de la desnutrición, etc., las cuales serán inmisericordemente heredadas por la siguiente generación y las subsiguientes.

En medio de esas condiciones objetivas y subjetivas hay poco lugar para la conciliación nacional que toda sociedad necesita para enfrentar dramas como los que sufrimos en Guatemala. El terreno está sembrado de inconformidades y frustraciones generalizadas, abriéndose un camino cada vez más ancho de polarización social y política, el cual ahora se encuentra exacerbado debido al clima de confrontación que está provocando el debate sobre si hubo o no genocidio en Guatemala y el juzgamiento de un jefe de Estado.

La paz que se firmó para poner fin a largos y cruentos 36 años de conflicto armado fratricida pareciera un recuerdo muy remoto, dando lugar, de nuevo, a la prevalencia de condiciones propias de esa época y de la guerra fría entonces imperante.

Este rumbo que llevamos debe modificarse, para incluir la serenidad y la madurez de todos (as), pero especialmente de quienes vivimos esa pesadilla. Tenemos que mirar lo que está sucediendo con estos procesos jurisdiccionales a través de otros ojos, que sin olvidar lo sucedido, busquen justicia y, como han dicho los más preclaros representantes de la Iglesia, a través de ella, el perdón.

Debemos salir de ese hoyo de la confrontación que privó por casi cuatro décadas, hay que retomar la estafeta de la paz y la conciliación nacional, sin heredarle a las nuevas generaciones sentimientos que los van a contaminar y a dejarles más huellas imborrables que corroen el alma y ensombrecen la vida misma.

Las familias de las víctimas indudablemente tienen derecho a exigir que no queden impunes los terribles e innegables crímenes cometidos contra sus seres queridos; y los señalados como victimarios también tienen derecho al debido proceso.

Preparémonos para aceptar el resultado final de estos juicios, que aún tienen un largo camino que recorrer. Sobre la justicia guatemalteca pesa una inmensa responsabilidad histórica, de cara a nuestro futuro. Las presiones mediáticas, sociales, políticas, nacionales e internacionales, en un sentido u otro, que sin duda existen, no deben entrar al Organismo Judicial. La gravedad de las consecuencias que se deriven de estos fallos judiciales requiere que sean estrictamente apegados a derecho.

Más noticias de Opinión

Herramientas

Multimedia

multimedia

© Copyright 2012 Prensa Libre. Derechos Reservados.

Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.