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12/03/13 - 22:39 Opinión

Patrimonio cultural bajo seria amenaza

La conciencia sobre el patrimonio histórico del país es prácticamente nula y el reconocimiento de su verdadero valor y potencial para atraer visitantes se reduce a unos cuántos conocedores y, en otros casos, a algunas comunidades que por experiencia propia ha aprendido a conservar, preservar y explotar los sitios de manera responsable, en contraste con autoridades que deberían ser las primeras en vigilar que nuestra riqueza histórica esté a buen recaudo.

EDITORIAL

En esa línea de irresponsabilidad es en la que acaba de incurrir el alcalde del municipio de Raxruhá al iniciar la construcción de una carretera que pone en grave peligro el santuario natural que constituyen las Cuevas de Candelaria, una reserva natural que algunos estudiosos describen como la puerta de entrada a Xibalbá, donde según el mítico relato del Popol Vuh, Hunahpú e Ixbalanqué vencieron a los dioses para luego convertirse en el Sol y la Luna, algo que por supuesto ha de ser totalmente desconocido para el funcionario.

En efecto, Gumercindo Reyes, electo por la Unión del Cambio Nacional, alcalde de esa localidad, argumenta que él desconocía que dichas grutas hubieran sido declaradas Patrimonio Cultural de la Nación en 1999, y en vez de velar por su preservación y cuidado, como parte de sus obligaciones, ahora alega ignorancia y argumenta desconocer de que se trataba de un Parque Nacional, pero insiste en que tenía los permisos correspondientes, pero ninguna autoridad está facultada para otorgar licencias de construcción cuando está en riesgo un área protegida.

La decisión tomada por el jefe edilicio es tan grave que el pasado sábado el mismo presidente Otto Pérez Molina se comprometió a indagar, por medio del Ministerio de Cultura, la gravedad de la denuncia, donde según grupos ecologistas y comunitarios se habrían hecho detonaciones con dinamita que habrían provocado un boquete a uno de los costados de las cavernas, algo que puede dejar daños irreparables en ese monumento natural y por lo cual deben deducirse las responsabilidades debidas para sentar un precedente.

Resulta difícil determinar las verdaderas razones que tuvo el jefe edilicio de Raxruhá para emprender tan absurdo proyecto, pero sí es obvio que desatendió las recomendaciones de vecinos de la comunidad y, lo más grave, ignoró la prohibición del Ministerio de Cultura que no solo se había opuesto a cualquier construcción en ese parque, sino que ante la desobediencia debió presentar en febrero pasado una demanda contra el funcionario y contra la constructora, que se dio a la tarea de pasar tractores sin la debida autorización.

Lo ocurrido en Raxruhá debe ser revisado con atención, porque mucha de la obra pública en el país no solo es sospechosa por el ímpetu con que se impulsa, sino que en muchos casos se desatienden preceptos legales o no cumple con requisitos relativos a la preservación del patrimonio histórico, como también se ha denunciado con frecuencia en el caso de Antigua, un patrimonio de la humanidad que está bajo constante riesgo de perder esa categoría por los constantes atropellos en los que incurre la comunidad y donde las autoridades desatienden las recomendaciones de los conservacionistas.

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