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Prensa Libre

01/12/12 - 00:00 Opinión

ALEPH

Política de represa

Imagine una represa a punto de reventar. Conviértase en la fisura por donde se está colando el agua poco a poco mientras la tensión se concentra cerca de los muros que la contienen. Sienta la presión del agua a punto de desbordarse. Piense cómo se ve la represa reventando y anegando todo a su alrededor. Debajo del agua, muchos kilómetros a la redonda inundados; flotando en el agua por igual vea a personas, animales, árboles, piedras y partes de viviendas. Todo lo que el agua encontró a su paso. Imagine a Guatemala como una represa.

CAROLINA ESCOBAR SARTI

Sienta cómo se tensan las relaciones de poder desde distintos puntos. Y recuerde que el poder no se otorga ni se arrebata, sino se ejerce. Ponga adentro de la represa al crimen organizado y al narcotráfico; a un Ejército reposicionado y reconstituido después de una guerra de 36 años; a los representantes de derechas e izquierdas de tope que abrazan fantasmas y defienden su ideología como religión sin querer moverse un milímetro de su posición. Incluya en ese caldo de cultivo a una sociedad que, por un lado, es altamente tolerante a la violencia al punto de normalizarla y que, por el otro, ya no aguanta como antes los niveles de opresión y exclusión que algunos insisten en mantener.

Meta en ese dique a un sector empresarial que no entiende que no entiende y que históricamente ha mamado del Estado y lo ha utilizado para sostener múltiples privilegios que sólo a él han beneficiado; a una cultura machista y patriarcal que cruza cuerpos de hombres y mujeres por igual; a la injerencia del Norte en la política nacional, a partir básicamente de una agenda hemisférica de seguridad y no de un enfoque de derechos humanos; a una clase política en su mayoría corrupta y clientelar; a una cultura de gueto, ese lugar sin el otro, desde donde cada quien vela sólo por su pedacito; a un clima de inseguridad insostenible; a una impunidad que a todas luces quiere borrar la memoria mientras van descubriéndose más fosas colectivas sembradas de huesos; a una esquizofrenia colectiva que nos hace transitar entre la Guatemalandia de los sueños y la Guatemala de las 95 personas asesinadas semanalmente y la niñez crónicamente desnutrida, entre otros.

Tome consciencia de la fisura que se está abriendo cada vez más y por la cual está comenzando a pasar el agua. En ese contexto se hace política en nuestro país en el 2012 y a las puertas del 2013, y a eso le llamo “política de represa”. Hoy, en el marco de una nueva muestra de surrealismo chapín, se discute la Ley de Desarrollo Rural. ¿Desde qué nostalgia se quiere sostener la polarización, cuando en ningún lugar de esa iniciativa de ley dice de manera explícita o velada que se pretenda una reforma agraria? No quiero entrar por la superficie y definir una postura personal respecto de una reforma agraria, sino entrar en algo metodológico de fondo, y es en el “cómo” y “para qué” se levanta el fantasma de algo que no existe, sin considerar que el futuro de este país se juega hoy en el marco de una política de represa.

De nuevo, el sector empresarial organizado es el obstáculo más grande al desarrollo, aunque todos sabemos que una ley no cambia un país de la noche a la mañana. Sin embargo, en el mediano y largo plazo, la Ley de Desarrollo Rural Integral, más allá de ser un compromiso pendiente de los Acuerdos de Paz y el resultado de un largo proceso de deliberaciones entre varios sectores de la sociedad guatemalteca, busca dar respuestas a grandes mayorías rurales y campesinas, principalmente indígenas, que jamás han tenido seguridad alimentaria, oportunidades de desarrollo y tranquilidad en sus vidas. Derecho de opinar, todos tenemos en este país, pero si esta vez los empresarios organizados vuelven a hincar al poder político, confirmaremos quiénes mandan en esta mansión encantada, y cuántos son los fantasmas con que deberemos convivir mientras la represa estalla.

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