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28/01/13 - 00:26 Opinión

Preocupaciones de los obispos

Las más recientes declaraciones de la Conferencia Episcopal de Guatemala, además de las consideraciones de índole religioso que deben integrar este cuerpo colegiado, hacen hincapié de nuevo en temas que ya están siendo señalados en un mundo en el cual se están convirtiendo en comunes los cuestionamientos del statu quo en prácticamente todas las áreas de los criterios de la acción y del conocimiento humanos.

EDITORIAL

Los obispos, además de apoyar la pronta aprobación de la ley de desarrollo rural, causante de posiciones encontradas, se refieren directa o indirectamente a temas como el desarrollo sostenible, que debe tomar en cuenta las posibilidades del planeta Tierra para no destruirse con la actividad humana exagerada. Sin embargo, es válida la afirmación de que sin desarrollo rural no hay avance posible en el país.

Este tipo de desarrollo propugnado por los obispos tiene como efectos positivos la reducción de los exilios en apariencia voluntarios, pero en realidad obligatorios, de quienes deben irse a buscar fuera de la patria la manutención de su familia, que se debilita como entidad social al ser partida por la separación de los esposos, los padres y los hijos, lo cual causa otros problemas sociales de muy difícil solución, sobre todo con los jóvenes y su posible adhesión a pandillas de delincuentes.

Al igual que los obispos, muchos analistas señalan la necesidad de poner límite a la idea de maximizar el provecho desde el pensamiento individualista basado en el provecho y el consumo. Eso implica la aplicación de valores y principios distintos y a una relación diferente entre el ser humano como una unidad individual y como participante e integrante de una comunidad.

Dentro de esa perspectiva se explican los criterios episcopales acerca de la necesidad de cambiar las leyes referentes a la explotación de los bienes no renovables. Se trata de criterios relacionados con la línea de discusión respecto de las minas, así como a lo que se entiende comúnmente como ‘bien común’, como ‘responsabilidad social’.

Poca sorpresa debe causar la referencia de los obispos católicos guatemaltecos al clima de violencia feroz y con saña que en la actualidad vive el país. Varias otras instituciones sociales se han manifestado al respecto y por eso tal rechazo episcopal no puede ser calificado como una intromisión de los prelados en asuntos políticos. Parte de la labor de los sacerdotes es procurar que las condiciones de vida terrenal sean lo mejor posible, dentro de un marco de valores y de principios. Pero en esa tarea no están solos, al haber coincidido siempre con los criterios de muchos sectores de la sociedad.

La labor episcopal se debe circunscribir a señalar los problemas desde su perspectiva propia, aunque no señalar cómo resolverlos, labor para la cual hay muchas otras personas mejor preparadas. Más allá de las consideraciones confesionales, el análisis debe centrarse en buscar si lo que los obispos ven como problema lo es realmente, y ahí trazar el camino para reducirlo o eliminarlo.

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