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Prensa Libre

04/02/13 - 00:32 Opinión

EDITORIAL

Previsiones para los terremotos

Durante el desarrollo de la reunión de la Asociación Guatemalteca de Ingenieros Estructurales, que se realizará hoy en conmemoración del 37 aniversario del terremoto de 1976, se presentarán informes respecto de que en el reciente terremoto de San Marcos los daños sufridos señalan la repetición de errores técnicos y de otra índole en la construcción de casas, y además se pondrá en el tapete la necesidad de reparar algunos edificios capitalinos y departamentales construidos con anterioridad a la década del sesenta.

De nuevo quedará de manifiesto que el adobe de limo y de bajareque es peligroso e inseguro al compararlo con el block de cemento, pero este no siempre tiene la calidad debida, y es utilizado por razones económicas. A todo esto se une la falta de códigos municipales de construcción y el desconocimiento de los ciudadanos acerca de cuáles son las especificaciones adecuadas para asegurar una calidad aceptable.

Es claro que la mayoría de las edificaciones del país, sobre todo en la provincia, se realizan por medio de constructores empíricos, que en muchos casos tienen experiencia pero no basan su trabajo en conocimientos, y no saben a dónde acudir en procura de textos informativos didácticos. Este tema es clave, porque la construcción seguirá ese patrón por muchos años, como consecuencia directa de factores económicos, pero también de tradición.

En la capital y en los departamentos hay un elemento común: criterios equivocados de construcción. Un ejemplo son las edificaciones hechas empíricamente hasta de cuatro o cinco pisos, que no tienen la misma capacidad de resistencia que casas de dos niveles. Y en el caso de los edificios capitalinos, muchas veces se cree que están bien porque resistieron el terremoto de 1976, olvidando que cada sismo tiene algún efecto en las construcciones, muchas veces no detectado a simple vista.

Un problema adicional es que en el imaginario de los guatemaltecos solo se recuerda el terremoto de 1976, pero en realidad de entonces a la fecha ha habido en Uspantán, 1985; en Pochuta, 1991; en Río Dulce, 1999, y en Cuilapa, 2011, además del de San Marcos, el año pasado. Eso significa un terremoto destructor en un promedio de cada seis años. Tal verdad debería ser suficiente para aumentar la conciencia del riesgo telúrico y la práctica de simulacros de abandono de edificios, escuelas, hospitales, etcétera.

En la actualidad hay técnicas de reforzamiento de columnas y otras estructuras en los edificios, para disminuir notablemente los peligros derivados de un terremoto. Las construcciones, tanto públicas como privadas, deben ser objeto de revisión para asegurar su funcionamiento en caso de emergencia. Este es el claro caso de los hospitales. Pero, en primera instancia, la tarea más importante es mantener despierta la conciencia de los guatemaltecos, desde la niñez, acerca de lo que significa vivir en una tierra donde parte de la belleza natural tiene escondida la peligrosa inquietud telúrica.

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