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11/08/12 - 01:57 Opinión

Prioridades en el gasto público

Cuando los gobernantes concentran sus mayores esfuerzos en la implementación de negocios, y no necesariamente aquellos que son de mayor beneficio para los guatemaltecos, poco se puede esperar entonces para que entre esas prioridades esté el apoyo a otros segmentos de la población de importancia determinante para el desenvolvimiento intelectual, espiritual y cultural de país, como es el caso de las artes, donde la pintura, la literatura y la música ocupan lugares secundarios en los presupuestos de la Nación.

EDITORIAL

Una de esas joyas de la cultura guatemalteca en el abandono es la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), que año con año afronta verdaderas penurias para su subsistencia, pese a ser patrimonio cultural de la Nación, un título ostentoso que resulta vacuo cuando se le niegan recursos para un mínimo funcionamiento. Paradójicamente, en cambio, en el Congreso se aprueban millonarios fondos para entidades y sectores que no solo no los necesitan sino que además han tenido oscuro funcionamiento en el pasado reciente.

Es lamentable la falta de atención a las demandas de esta y otras instituciones. La más reciente se dio hace algunas semanas, cuando destacados músicos clamaron en la vía pública por un poco de ayuda, llamado que parece haber caído en oídos sordos, y es la iniciativa privada, que con pequeños aportes, hace posible que cientos de guatemaltecos puedan tener el placer de escuchar las interpretaciones magistrales, nacionales y extranjeras.

El primer gran valladar que enfrenta este patrimonio de la Nación es que prácticamente ni siquiera existe en los registros oficiales, ya que su presupuesto depende de un renglón denominado “actividades culturales”, algo que es más propio de alguna feria cantonal o festividad secundaria, por lo cual resulta inadecuado para el prestigio del mismo país. Es vergonzoso que cuando algún extranjero visita Guatemala, o incluso le corresponde dirigir la OSN, deba enterarse de que esta funciona casi al límite de sus posibilidades.

Ciertamente, poco puede esperarse de la mayoría de funcionarios, que difícilmente encuentren argumentos para hablarles a sus hijos de lecturas relevantes o de piezas maestras de la música universal de su predilección cuyas interpretaciones más destacadas hayan escuchado en alguna ciudad de relativa importancia, donde seguramente el gobierno central y el local harán aportes económicos importantes para hacer verdaderamente decoroso el trabajo de sus más preclaros valores musicales.

El pasado mes de mayo la OSN interpretó frente al Palacio Legislativo una de sus más tristes sinfonías: una plegaria para que los diputados se conmuevan y emitan un acuerdo que facilite su descentralización y viabilice los recursos necesarios, pero ninguna respuesta ha llegado. Como no hay millones ni réditos populistas, no aparecen diputados con corbata de ningún color, ni con megáfonos o altoparlantes para armar alharaca. Lo peor de todo es que la cultura sí sería un excelente negocio para guatemaltecos de todos los estratos, pues se trata de una inversión que educa, acaba con la estridencia social y genera mayor armonía.


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