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24/02/13 - 00:00 Opinión

PLUMAS INVITADAS

Psiquismo y violencia

Unos días atrás un acontecimiento trágico llamó la atención de la población de esta ciudad. Un “supuesto asaltante” en motocicleta, quien aparentemente huía de las represalias de un conductor de otro vehículo que le disparó, terminó falleciendo a raíz de haber impactado contra otro vehículo mientras explotaba el combustible de su tanque de gasolina.

*RENé VLADIMIR LóPEZ RAMíREZ

Dos hechos nos deben llamar a la reflexión: el primero de ellos, llamado por los sociólogos y psicólogos sociales “la normalización de la violencia” y en segundo lugar, el despertar de emociones agresivas por parte de la población. En la primera de las reflexiones por hacer, es claro que el clima de violencia, constituido por robos y asaltos, secuestros extorsiones y cualquier otra forma de violación a los derechos de los ciudadanos, forman parte de una cotidianidad que es la consecuencia de la suma de diferentes eventos históricos sociales. En la segunda de las reflexiones cabe recordar que por naturaleza, la ira y la agresión forman parte de nuestro ser como humanos. Pero la violencia no, ya que esta es una forma organizada de agresividad, característica de los humanos. En palabras de Carl G. Jung, todos los seres humanos tenemos en nuestro psiquismo una región —la sombra— en la que residen esos sentimientos socialmente inaceptables. Todos ellos reprimidos y mantenidos en “la sombra” como consecuencia de un proceso de culturización —Erick Erickson— o de socialización. El hecho sobre el cual reflexionamos constituye seguramente una de esas muchas circunstancias. Una población constantemente asediada por la violencia y por la carencia de medidas correctivas que hagan preservar esa culturización o socialización, convierte a los ciudadanos cada vez más irritables, con menos mecanismos de autocontrol e incluso con potencialidad de cometer actos ilegales cobijados por el techo de la impunidad. De modo que desde esta visión no es para nada extraña, pues luego de reprimirse permanentemente —sumisión—, al tener la oportunidad se le dé rienda suelta a la ira y la agresividad, aunque fuera solo de manera verbal —verbigracia los mensajes vía Twitter publicados en Prensa Libre el 21 de febrero del año en curso—. Si bien es cierto que “los buenos somos más”, cabe decir que somos más reprimidos, más autocontrolados y más socializados, pero muchos convertidos en bombas de tiempo, esperando solo la oportunidad de canalizar en algún modo nuestra agresividad. Todos podemos ser explicados en nuestro comportamiento, más no por ello excusados o justificados en el comportamiento agresivo. “El que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra”.

*Psicólogo-psiquiatra, Humanamente

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