Registrarse ¿Por qué registrarse?

Con tu usuario podrás:


- Ingresar al visor de la edición impresa
   de Prensa Libre

- Comentar cada nota publicada
   *ver términos y condiciones de uso
   del portal

- Obtener beneficios y promociones
   para usuarios registrados de
   Prensalibre.com


Olvidó su contraseña?

Opinión

Punto de partida hacia otra realidad

En el noroeste de Guatemala se encuentra San Juan Atitán, un pintoresco poblado enclavado en una de las partes más altas del territorio nacional, la Sierra de los Cuchumatanes. Allí subyace un drama que en los últimos años ha cobrado notoriedad, debido a que este municipio, uno de los más pobres de Huehuetenango, ocupa el primer lugar continental en desnutrición aguda.

EDITORIAL

Su extensión territorial es bastante pequeña, pero en estos 64 kilómetros cuadrados se pueden encontrar abundantes historias de dolor y penuria, las cuales se reflejan en las cifras de tallas y pesos de niños que están muy por debajo del promedio nacional, y la brecha aumenta todavía más si se compara con la estatura de un niño que crece en condiciones óptimas, según estándares internacionales que no solo atienden el crecimiento físico, sino también lo que esto implica en término de desarrollo intelectual para un infante.

Estas son algunas de las conclusiones que recoge el Tercer Censo Nacional de Talla, que se presentó en agosto de 2009 y que por ahora es la referencia estadística más reciente respecto de esa problemática, pero además se detalla que de las 23 zonas geográficas del país se encontró que en 12 de ellas se identificó prevalencia de retardo en tallas inferiores al promedio nacional, que es de 45.6%, lo que en pocas palabras significa que casi la mitad de los niños guatemaltecos crecen con serias deficiencias, debido a inadecuada alimentación.

Para tener una idea de lo que ese censo registró en los meses previos al 2009 se anota que la capital es la ciudad que registra la más baja tasa de desnutrición, con un 18.5 por ciento; al otro lado del espectro se encuentra San Juan Atitán, en donde los indicadores de desnutrición llegan hasta el 91.4 por ciento, una cifra que conmueve al solo imaginarse lo dramático que puede ser nacer, crecer y eventualmente morir en ese municipio.

Pero en esa situación se encuentran otras comunidades cercanas como Santiago Chimaltenango, también en Huehuetenango, que registra niveles de 80.9 por ciento de desnutrición, o Concepción Tutuapa, San Marcos, que alcanza la misma cifra, con lo que resalta el drama de la falta de alimentos en muchos municipios, y esto se ha vuelto una noticia recurrente durante los últimos años, sin que las estrategias tengan un impacto marcado sobre la reducción de esa tendencia.

Atitán cobra relevancia en estos días porque es uno de los 10 municipios donde se iniciará un plan de combate de la desnutrición, el cual no será tarea solo de cuatro años, sino quizá de 12 y hasta 20, para empezar a ver auténticos resultados, pero será un buen punto de partida para comprobar el avance de la llamada “Ventana de los mil días”, que son los primeros 36 meses de vida de un niño, durante los cuales se define si tendrá un desarrollo promisorio o si perpetuará la ingrata herencia que esta comunidad tristemente padece, como muchas otras.

Sin embargo, solo queda que el plan quede despojado de toda la parafernalia política y propagandística que igual dilapida recursos que bien pueden servir para procurar mejoras en otras regiones.


Más noticias de Opinión

Herramientas

Último momento

© Copyright 2012 Prensa Libre. Derechos Reservados.

Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.