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29/12/12 - 00:46 Opinión

LA ERA DEL FAUNO

Rarezas navideñas

Está de moda andar con guaruras en el súper. Vi a un tipo que caminaba entre las estanterías junto a su mujer —sí, su mujer, sería impreciso y falso escribir “su pareja”— que llenaba la carretilla de productos Sully.

JUAN CARLOS LEMUS

El hombre, de botas y sombrero, ya saben, en pleno pasillo abrió una bolsota de Tor Trix, metió la mano, atrapó un puñado, se lo metió entre la boca y caminó botando pedacitos. Supongo que los pagó. Eran seguidos por tres guaruras. Vuelta que daban sus jefes, vuelta que se reubicaban ellos.

Otro día, el 23 de diciembre, andaba de compras un señor y su familia en una enorme juguetería. Iban protegidos por cinco guardaespaldas cuya presencia contrastaba en aquel sitio que más parecía guardería. Caminaban con las manos libres, pero dispuestas a irse bajo el chaleco, según resultase necesario. Al verlos, cayó a mi mente una escena macabra. Qué sucedería si se diera un intento de secuestro, un ajuste de cuentas —qué sé yo de qué se cuidaban— y se alterara el cuadro de diciembre adentro del Juguetón. ¿Dispararían? ¿Matarían a mucha gente por culpa de ese irresponsable que mete aquí guaruras? ¿Qué haríamos los demás? Tirados en el piso, observaríamos Barbies cruzadas a tiros, carritos de bomberos enloquecidos, tractorcitos ensangrentados, Nintendos echando chispas en tanto que los asesinos de uno y otro bando huirían aplastando pascuas y cabezas. Ulularían —ya para qué diablos— las alarmas del centro comercial, el cual caería en desgracia porque no volvería nadie… en una semana.

Quién me manda andar en esos sitios, es cierto, pero tal vez lo quiso el destino para que viniera hoy a contar lo visto y exigir que prohíban inmediatamente el ingreso de gente armada a sitios concurridos, públicos y privados. Es mucho pedir el desarme nacional, pero urge impedir la proximidad a la desgracia.

A propósito, no había visto los muñecos de moda. Son espantosos. Algunos parecen fetos, arrugaditos y encorvados. Otros parecen niños de carne y hueso a los que uno les apacha la barriga y emiten sonidos de poseso. “Mami… mami…” ¿Qué abominación es esa? Asistimos a la proclamación del más horrendo y podrido machismo estimulado con muñecos que piden leche, abren y cierran el hocico cual Chucky cuando se le manifiesta al niño de la película.

En las tiendas ofrecen bazucas que con la imaginación pueden matar a tantos niños como lo hizo hace 15 días el asesino de Connecticut, o el de Oregon que para el estreno de Batman eliminó a una docena.

Hablando de otra rareza, me tocó asistir a una misa de gallo en la que oí a un cura excepcional. En el fragmento de la liturgia que dice: “Líbranos Señor de todos los males y concédenos la paz en nuestros días”, el sacerdote Manuel Chacón añadió: “Líbranos del crimen organizado y líbranos de las mafias que nos gobiernan”. Bárbaro este tipo, pensé, no es un cura de esos que dicen feliz Navidad y disfruten su tamal. Aun si aquella petición podrá parecerle inútil a un ateo, lanzada al vacío, y a un católico conservador inapropiada, habló de manera más inspiradora que un rebelde que menea el pico solo entre sus amigos. Ya si lo escucha o no Dios al padre, esa es otra cosa.

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