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13/05/12 - 00:00 Opinión

PLUMA INVITADA

Realidad de la salud

El sistema de salud de nuestro país es consecuencia del modelo médico predominante, donde se privilegia lo biológico por lo conductual, la medicina curativa por la preventiva, donde priva la rentabilidad económica en detrimento de la salud de la población. En donde el consumo de servicios curativos se enmarca dentro de un sistema de mercado de la salud, olvidando lo establecido por la misma Constitución, que reconoce la salud como “un derecho fundamental del ser humano, sin discriminación alguna…” y no un negocio.

POR MARIO CORDóN *

Las deficiencias y carencias del sistema de salud tienen múltiples explicaciones y causas. Una de ellas es el fraccionamiento entre diferentes niveles de atención definidos desde el ámbito internacional y “adaptados” a la realidad guatemalteca sin que necesariamente respondan a las características sociales y culturales de nuestra población.

Como coadyuvante encontramos, además de los precarios presupuestos, un fraccionamiento donde cada uno de los niveles concibe su quehacer sin tener una visión integral e integradora de la problemática de la salud y menos de lo que debería hacer el Ministerio de Salud para cumplir lo dictado en la Carta Magna.

Las instituciones públicas concebidas para responder a la demanda de la población en salud han crecido por agregación y a instancias algunas veces de intereses nacionales e internacionales que han limitado la existencia de un sistema de salud coherente y congruente con la necesidades de la población.

De esa cuenta tenemos niveles de atención deficientes, se duplican esfuerzos y competencias, sin lograr optimizar los ya precarios recursos del presupuesto para resolver problemas no de salud, sino de enfermedad de la población.

Si bien es cierto que las políticas de salud en su nivel de formulación han sido adecuadamente planteadas, hay una politización de los puestos más importantes del ministerio, olvidando que muchas de esas plazas deben ser desempeñadas por médicos técnicos, que son sustituidos por personas que integran cadenas de corrupción y esto permite que prevalezcan intereses obscuros por encima del interés auténtico.

Las políticas de salud deben tener como base la universalización de la cobertura de los riesgos, de modo que la población no tenga necesidad de recurrir a gastos para el acceso a la salud y tratamiento; la equidad y gratuidad de los servicios, la calidad y calidez de estos y la participación social. Todo esto es básico tomando en consideración la inequidad existente, donde gran parte de la población vive en condiciones lamentables.

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