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Opinión

DE MIS NOTAS

Ríos Montt, 2012 DC

La construcción político/mediática contra Efraín Ríos Montt ha sido repetida y reiterada con la misma letanía y la idéntica versión de genocidio desde que dejó el poder 16 meses después de que un grupo de jóvenes oficiales del Ejército le entregaba el mando del país, aquel 23 de marzo de 1982. Un grupo de oficiales del Ejercito —oh, ironía— que buscaban, precisamente, detener el deterioro institucional que se venía dando dentro de las fuerzas armadas, infestadas con situaciones de extrema violencia y manipulación que “incluso afectaban a miembros del Ejército en lo individual”.

Alfred Kaltschmitt

ALFRED KALTSCHMITT

Un Ejército, con una cúpula nefasta, que en connivencia con políticos espurios ya había arrebatado al pueblo de elecciones democráticas al propio Ríos Montt, cuando fue candidato del partido Democracia Cristiana, en 1976, corriendo contra Kjell Laugerud.

La gota que rebasa el vaso es el fraude del 7 de marzo de 1982, que declara al general Aníbal Guevara —pupilo de Lucas García— ganador de las elecciones. Ese día, el capitán Carlos Muñoz Piloña le dice a su comandante en la Brigada Mariscal Zavala, general Rodolfo Cuyún Medina, después de retornar de la tarea que se le había impuesto de vigilancia en los centros de votación, la célebre frase: “Mi general, doy parte que estoy presente con la novedad de que hubo fraude”. Esa frase fue el génesis del golpe de Estado que sucedió 11 días después, el 23 de marzo de 1982.

Hoy, casi 30 años después de aquel golpe, me encuentro en la región Ixil, recorriendo la ruta que tantas veces tomé de Nebaj a Cotzal cuando fungía como director de una ONG de asistencia y desarrollo. La diferencia es enorme. De un camino angosto y fangoso, con ínfulas de carretera de terracería, a una asfaltada, de dos carriles. Las aldeas que ayudé a reconstruir se han convertido en pueblos y se respira paz.

Durante el desayuno con mis colegas de la junta directiva de la fundación en la que hemos continuado con proyectos de desarrollo integral en estos lugares de otrora conflicto, el tema de Ríos Montt surgió a raíz de su cambio de estatus y la pérdida de su inmunidad como diputado desde el 14 a las 14.

Como testigo histórico presencial de lo que aconteció desde 1982 al día de hoy, cuando recibíamos a miles de refugiados en el campamento de Ajt Tumbal, Nebaj, las acusaciones de genocidio y demás atrocidades siguen comprobando que no importa la veracidad de la realidad histórica, la que prevalece es la que tiene más capacidad de manipulación mediática y política a través de los acostumbrados tambores de resonancia ideológicos, que no detienen sus retumbos, aunque el eco sea una mentira, y los oídos solo sean para los que quieren oírlos.

“Cuando se mata a alguien, se crean cinco enemigos más” —decía Ríos Montt en las reuniones del Estado Mayor a las que me invitaban de vez en cuando como involucrado en el proyecto de “Frijoles”. Ergo: La política “desde arriba” era clara: “amnistía, perdón, asistencia y “no matar”, sino ayudar y relocalizar a todos los desplazados”.

Esa es la verdad, indiferente a lo que digan los “Planes Sofía” y demás “documentos”. Es la verdad que permitió que en tres consecutivas elecciones el FRG ganara abrumadoramente en esta región. ¿Un asesino acusado de genocidio, recibiendo los votos de sus víctimas?

Suena tan desatinado y falso como cuando dijo el reportero que acababa de entrevistar en el programa 60 Minutes a Jennifer Harbury, mientras esta protestaba por la desaparición del guerrillero Bámaca frente al Palacio Nacional: “Si Jennifer Harbury no fuese una ciudadana estadounidense no podría estar aquí protestando. Estaría probablemente muerta”. Declaró con total seguridad el reportero. Cuidando de que el ángulo de la cámara estuviese muy bien posicionado para evitar captar a otros grupos de guatemaltecos protestando en total libertad….

¿La verdad y nada más que la verdad…? So help me God.



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