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Prensa Libre

06/05/07 - 00:00 Opinión

SENTIDO COMUN
Mercantilismo o liberalismo

Mercantilismo y liberalismo son opuestos, mutuamente excluyentes.

POR: MANUEL F. AYAU CORDóN

Lo que existe en América Latina es Mercantilismo y no Liberalismo. La confusión es dañina porque si el diagnostico está errado, el mal perdurará. Siempre se ha culpado al inexistente Liberalismo para desacreditarlo de entrada.

En parte se debe a que se desconoce su genuina naturaleza basada en la protección de los derechos de las personas, y a que antaño bajo la bandera del Liberalismo atacaron la cultura y fortuna de las elites, especialmente de la Iglesia Católica. Al Liberalismo se le atribuye posturas falsas para hacerlo piñata y ridiculizarlo.

El Mercantilismo, así como el Socialismo y el Nacional Socialismo (Nazismo) se basa en la dirección de la economía por el gobierno, léase burócratas y políticos, con todas las cualidades y defectos propios del ser humano, que responden a buenos y malos incentivos.

Se les encarga legislar e implementar la política económica, para encausar el diario quehacer de los habitantes hacia sus metas y no hacia las metas que cada persona preferiría. Proliferan reglamentos que criminalizan hasta leves faltas no intencionadas (terrorismo fiscal).

La mezcla de poder con discrecionalidad crea tentadoras oportunidades para extorsionar y desemboca inevitablemente en corrupción. Prolifera el compadrazgo y el clientismo político que ha caracterizado a América Latina.

Los más listos compiten por disponer del poder del gobierno para sus propios propósitos, para explotar a los demás con base en privilegios legales, mercados cautivos y otras ventajas. El éxito depende del cabildeo, del soborno y de la astucia en influenciar legislación.

Por el contrario, en el Liberalismo el éxito depende de la habilidad de competir en el mercado de recursos y de productos, con el fin de satisfacer mejor las necesidades de los consumidores con el menor gasto de recursos.

El Mercantilismo es pragmático (el fin justifica los medios) y no respeta principios, pues éstos no dependen de ellos mismos y con frecuencia los consideran obstáculo para sus designios. Como su legislación no respeta derechos individuales (la propiedad, la libertad y los contratos), escasean las plazas de trabajo, la ineficiencia abunda, surgen las economías informales, aumenta la violencia, se arruina el medio ambiente, y crecen las barreadas.

El Mercantilismo no es cosmopolita, de comercio libre, por derecho, como sí lo es el Liberalismo, y supone que la riqueza del país consiste en atesorar reservas.

Surgió en el feudalismo de la edad media cuando el comercio se consideraba que era cuestión entre los nuevos estado-naciones y no entre personas. La pequeña isla, Inglaterra, lo abandonó a mediados del siglo XIX, y surgió como ejemplar potencia económica mundial.

Bajo el Liberalismo, el gobierno respeta la libertad de las personas, limitada solamente por los iguales derechos de los demás; protege la integridad física de las personas (la vida) y sus legítimas posesiones (la propiedad privada), pero deja a las personas libres para buscar su felicidad en cooperación pacífica con los demás.

Ni el Mercantilismo (ni el socialismo) pueden tener éxito por las mismas razones, algunas meramente técnicas y otras relacionadas a la ausencia de incentivos constructivos más la abundancia de incentivos perversos. Fomenta que personas o grupos interesados corrompan y controlen al gobierno y que se enriquezcan sacrificando a otros.

En cambio, bajo un sistema de libertad (limitada por los iguales derechos de los demás, aunque también habrá diferencias de riqueza), las personas solamente se pueden enriquecer en el grado que enriquezcan a los demás.

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